Sueños desde Etiopía

SUEÑOS

Hulumayew a sus seis años tiene un sueño para cuando sea mayor: ser “El Rey de la Basura”. Dice que viviría en el basurero que tenemos al lado y que a cada persona que quisiera entrar a hurgar en la basura le cobraría un birr. “Y no veas la de gente que entra ahí todos los días”, explica. Dice que se pondría hasta una corona, y que se llamaría así, El Rey de la Basura. Baye, uno de sus amigos, le ha copiado la idea, pero él dice que será El Príncipe del Pipí. Que abrirá unos baños públicos y que cobrará un birr también, pero por hacer pipí.

Mengistu sin embargo, ha decidido ya que de mayor quiere ser chofer. Lleva quince días yendo al hospital con nuestro chofer a ponerse la vacuna de la rabia. Al margen de que tiene la tripa que parece las montañas de Montserrat debido a las inyecciones, ha descubierto su nueva vocación. Antes quería acarrear piedras en las obras de los edificios, como hace su padre, pero ahora quiere ser chofer, porque dice que es mucho más descansado. Si no, dice que también le gustaría empujar carritos de supermercado, porque le encantó el día en que, a la vuelta de una de las inyecciones, nos paramos en el supermercado. Yo le he dicho que no es un trabajo, pero él dice que le da igual, que se comprará un supermercado y se dedicará a empujar los carritos así, por diversión.

Melaku está ya estudiando para ser electricista. A veces cuando se va la luz me dice “ya verás como seguro que encuentro trabajo”. Meseret quiere ser maestra. Ella también es de las pocas que podrá conseguir su sueño. Haymanot pasa los días entre extensiones y limas de uñas, aprendiendo a ser peluquera. Tesfaw pelea con el inglés para llegar a ser médico, y, si no puede, maestro él también.

Ashmero quiere ser futbolista, como Ronaldo. Wendemagegn sabe que quiere ser piloto de aviones porque está convencido de que todo lo que se paga por el billete se lo queda el piloto. Chonbe... Chonbe sabe que no quiere ser como su padre.

Ketama dice que no le importaría ejercer de madre adoptiva de algunos de los huérfanos del centro. Así, dice, con lo que le diéramos por cuidar de los niños, podría seguir estudiando. A Negesh le gustaría ser jardinero porque le hace ilusión que las cosas que planta crezcan.

Son pequeños y grandes sueños. Algunos irrealizables, otros a punto de convertirse en realidad. Antes de llegar a nosotros, los sueños de nuestros niños se reducían a tener algo que comer al día siguiente. La escuela no era ni siquiera un sueño, era una utopía. Poco a poco, con nosotros, encuentran esos sueños que les están esperando. Y poco a poco se ponen en camino para alcanzarlos.

Es verdad que los sueños no se pueden comprar con dinero. Pero es verdad también que el dinero que enviáis se traduce en estos sueños. El desarrollo no es sólo vivir mejor, no es sólo tener más cosas, es también reír, y jugar... y soñar.

Gracias por ayudarles a soñar. Gracias por compartir nuestros sueños.

Un abrazo:

Teresa