Cartas al Directo: Los puntos positivos de Yesa

Mª. Victoria Trigo Bello

Ante las recientes declaraciones del presidente Marcelino Iglesias en las que descarta la existencia de riesgo por deslizamiento de una ladera de Yesa, si el tema no fuera tan grave, me congratularía por la brillante urgencia con que la chistera política ha improvisado información -¿?- respecto a un hecho que hacía meses que estaba siendo silenciado por la Confederación Hidrográfica del Ebro.

Pero además de sentirme realmente intranquila y crecientemente preocupada -por ahora lo único que se recrece en Yesa es la desconfianza en torno a la viabilidad del proyecto-, pienso que de esta nueva intervención de nuestro presidente, cabe extraer algunos puntos positivos. El principal de ellos es que no podemos llamarnos a engaño sobre la solvencia moral de nuestros representantes ni sobre la transparencia de las actuaciones relativas al agua. No cabe equivocarse al valorar a nuestros políticos de más alto estánding. A poco que nos esmeremos, acertamos diez sobre diez. De cara a elecciones, no es un mal bagaje.

Pero hay más puntos positivos, tales como disipar cualquier duda a los más confiados acerca de un progreso en el entendimiento en materia hidráulica. Como las pérfidas hermanastras de Cenicienta –aquellas tiparracas que querían empotrar a toda costa sus zancudos pies en el delicado zapatito de cristal y que hoy serían estrellas de culebrón-, en las más altas instancias se pugna por seguir bailando al son de la vieja política del agua, como mona disfrazada en las sedas de ecologistas politi-domesticados, que no salen del discurso del agua para Zaragoza, de las chiquicientas mil hectáreas de regadío, del blindaje de ríos contra la sequía, del bicarbonatado interés general y de todo el acervo de superficialidades que dispone del favor de los medios de comunicación con más generosidad que los rácanos espacios concedidos a la auténtica realidad y al debate entre técnicos cualificados e independientes.

Para acabar en un tono relajado, por si el presidente Iglesias y su equipo de ínclitos asesores se equivocaran en la valoración de la estabilidad de esa ladera de Yesa –puñetera y obstinada ladera incapaz de zafarse de la fuerza de la gravedad-, quizás fuera bueno diversificar la inversión en ladrillo en el Pirineo, alternándola con la adquisición de lotes industriales de pegamento instantáneo, estilo superglú. En caso de que no hiciera falta ese material, siempre podría cederse a los vecinos de Itoiz para combatir los hipos de su presa. No en vano, el Irati también es paciente de los médicos de cabecera fluvial cuya clínica está el zaragozano paseo de Sagasta.

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