Agua, amplitud y sorpresas

Lorenzo Río

A veces parece que da miedo decirlo pero cuando las cosas se hacen bien, hay que reconocerlo. Me refiero al Parque de la Universidad, el que se sitúa en el que durante muchos años fue un vergonzoso solar en el antiguo discurrir de la zona de Almériz. Una larguísima reivindicación de los vecinos del lugar que por fin se ha cumplido.

Todavía quedan algunas semanas para que el Parque sea abierto al público pero ya se puede comprobar el resultado de los trabajos que están prácticamente finalizados. A falta de que la vegetación coja fuerza y se consolide, el Parque está ya terminado. Lo primero que destaca en él es la amplitud de espacios, huyendo de los parques cerrados y frondosos a los que estamos acostumbrados. Este es un espacio verde abierto, espacioso, y con el agua como protagonista. Una alberca central con un chorro que lanza agua a varios metros de altura es la que destaca junto con las acequias que rememoran la historia hortelana que un día tuvo la zona. Caminando por entre los muros o gaviones que delimitan los espacios de las antiguas huertas, descubrimos unos ojos de buey que hacen las veces de mirador y que nos obligan a contemplar puntos emblemáticos como la Catedral o algunos picos de la Sierra de Guara. Son algunas de las sorpresas que guarda este Parque que tiene hasta su propia fauna, aunque sea en forma de pequeñas esculturas acuáticas.

Para quienes conozcan la ciudad de Pamplona, el Parque de la Universidad guarda una cierta reminiscencia con el Parque Yamaguchi de la capital navarra, un moderno espacio verde de estilo japonés que se ha convertido en todo un símbolo en la ciudad. Si ha sido así en Pamplona, por qué no puede ocurrir lo mismo en Huesca...

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