Fe

Cristina Pérez Diego

Hay dias en los que parece que la predicción, poco ortodoxa lo reconozco, de la aldea gala de Astérix y Obélix de que el cielo pueda caerse sobre nuestras cabezas, hay días que parece está a punto de hacerse realidad.

Dias en los que el cielo parece a punto de desprenderse del universo para ir a estamparse contra el suelo y dejarnos huérfanos de un espacio hacia donde mirar cuando pedimos algo. Siempre tengo la sensación de que la fe, debe de andar en algún punto del universo hacia donde se mira, con la esperanza de encontrar lo inexplicable.

La fe es cosa extraña. Hombres con excesiva fe y hombres con ausencia total de fe, han escrito la historia de la humanidad. Una humanidad a la que le ha gustado ir dejando retazos de su propia vida; la ha escrito en pergaminos, en las losas de los cementerios o en las piedras de las arquitecturas, donde el ser humano se ha empeñado en dejar su huella. La fe abrió las aguas del mar y logró que dos mil siete años después, todavía, ese hombre al que crucificaron , siga escribiendo la historia. Aunque no sé si ésta es la historia que él hubiera querido dejar tras su muerte.

La fuerza de un hombre, un hombre al que yo imagino solo, muy solo, un hombre despegado de cualquier divinidad, cualquier halo de santidad; un hombre, un ser humano que dejó una huella tan profunda, en tiempos donde habitaban tantos dioses ,que la fe se había hecho invisible entre los palacios. Un hombre que debió de encender una luz en el futuro. Pero, sobre todo, un hombre.

La fe, para algunos, sigue instalada en el hombre. Y si el hombre no nos da respuesta, el posible que el cielo tampoco.

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