Huesca-Pirineos: un regalo al que le falta el lazo

La inauguración del aeropuerto Huesca-Pirineos este sábado constituye una noticia positiva y de primer orden para la provincia de Huesca. Supone un éxito para el Ministerio de Fomento por haber sido capaz de finalizar una infraestructura puntera en España; supone un éxito para la compañía Pyrenair por haber conseguido poner en vuelo sus aeronaves y dotar de servicio a este proyecto.

Sin embargo otras administraciones deberían sonrojarse por su falta de eficacia, cuando lo tenían muy fácil para haber estado a la altura de las circunstancias.

Miro primero al Gobierno de Aragón, que no se ha molestado ni en colocar un simple cartel en la A-131 que señale la dirección del segundo aeropuerto de la comunidad autónoma. Para un turista, llegar hasta el Huesca-Pirineos, hoy, es una verdadera odisea. La única señalización que existe es un pequeño cartel en el que se lee: Escuela de Vuelo sin motor. Lamentable.

No mucho mejor parado sale el departamento de Javier Velasco por el tema de los accesos. La carretera para llegar al aeropuerto, simplemente, no es de recibo. No creo que tan difícil hubiera sido llevar a acabo una pequeña inversión en su mejora. Pero no ahora, que ya llegamos tarde, sino al mismo tiempo que se efectuaban las obras del campo de vuelos oscense. Imprevisión.

Y si miramos a lo que ha hecho el Ayuntamiento de Huesca, el más beneficiado con la infraestructura, el balance es desesperanzador. Mientras firmamos y firmamos convenios urbanísticos para recaudar fondos con los que financiar políticas más que discutibles, mientras los impuestos municipales suben en progresión geométrica, nadie se acuerda de destinar una pequeña partida a señalizar el aeropuerto. Descorazonador.

Estamos, en efecto, ante un regalo al que se le ha dotado de un mal envoltorio y a alguien se le ha olvidado ponerle el lazo. Menos mal que, por lo menos, es un buen regalo.

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