La dignidad de las cocinas

Luis Laiglesia

España no está preparada para conceder uno de sus más importantes galardones a un cocinero. Durante la pasada semana dos candidatos aspiraban al premio Príncipe de Asturias: Ferrán Adriá y Bob Dylan, decantándose el jurado por el segundo de ellos.

No seré yo quien ponga en duda la valía y la coherencia de personal de Dylan, pero es un hombre al que no le hacen falta más distinciones que las que ya tiene.

Creo que la concesión a Adriá del galardón hubiera sido un reconocimiento a la labor encomiable que nuestros maestros de los fogones están haciendo por España. Sirva de recordatorio que, aparte del Rey Don Juan Carlos, ningún otro español ha conseguido ser portada de la prestigiosa revista Time, excepción hecha de Ferrán Adria.

Lo mismo ocurre en Huesca. Son las cocinas de restaurantes como el Lillas Pastia, el Navas, Las Torres o la Venta del Sotón, las que están exportando la mejor imagen de una ciudad como Huesca.

A este respecto querría recordar que en la última Asamblea y Cena del Socio de los Hosteleros se entregó la medalla de oro de la Asociación al Alcalde de Huesca, y a todo un referente y maestro de maestros como Fernando Abadía, una simple placa recordatoria por su labor.

No entendí esa decisión, ni mucho menos la comparto. Creo que Fernando Abadía merece algo más que una mención en una reunión de este tipo, siendo como es, que Huesca y Aragón le deben mucho. Sus alumnos y amigos, algunos con estrellas Michelín en la bocamanga, lo veneran desde lo profesional y desde lo personal, y no faltarán en ese merecido reconocimiento. Mientras tanto, estaremos en deuda con un hombre bueno y, además, buen cocinero.

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