¿El fin de una creencia popular? En Lanaja

Lanaja

Las obras de restauración que se están realizando en la iglesia del municipio monegrino de Lanaja han reavivado una de las leyendas con más arraigo popular. Los trabajos han dejado al descubierto unos pasadizos que reafirman la leyenda del Castillo de Montoro.

Según la tradición oral de la zona, antiguamente en lo alto de las montañas se erigía un castillo que se comunicaba con la iglesia a través de un pasadizo. Típica leyenda que puede encontrar su reflejo en Huesca con el castillo de Montearagón, o en otros municipios de la provincia. La diferencia está, en esta ocasión, en que los trabajos de restauración que se están realizando en el templo monegrino han descubierto unos pozos. Se intuye que estos pozos podían haber sido antiguos pasadizos.

Hace unos cincuenta años, el peso de un camión produjo el derrumbe de la calle trasera de la iglesia. Los vecinos de Lanaja que vivieron este suceso lo recuerdan como si fuera ayer. Relatan que el socavón permitió ver un pasadizo y algo parecido a celdas con mosaicos en las paredes. Algún valiente se atrevió a descender armado con un antorcha para admirarlo más de cerca. En cuanto la antorcha se apagó, ya fuera por falta de combustible o de oxígeno, echaron marcha atrás para subir a la superficie. En aquella época, se apresuraron a tapar lo descubierto.

Ahora, en el siglo XXI los trabajos de restauración han permitido ver algo similar a un pasadizo. El arqueólogo que trabaja en la iglesia de La Asunción, Ignacio Lafragüeta, matiza que más bien son pozos, ya que el supuesto pasadizo está cerrado a ambos lados por roca.

A pesar de que sólo se pueden excavar 45 centímetros para efectuar las labores de saneamiento en la iglesia de Lanaja, también se han encontrado un ábside en la nave sur del templo y restos de la cimentación antigua. La conservación del ábside, según marcan las directrices de la Diputación General de Aragón, es obligatoria. Para ello existen dos posibilidades: la primera, dejarlo sobre el pavimento y taparlo con un cristal, para que sea visible. Y la otra que consiste en remarcar simplemente el trazado sobre el nuevo pavimento.

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