Carmona navega por el Guadalquivir a reencontrarse con Pirineos Sur

Este martes a las diez de la noche en el escenario de Lanuza, Antonio Carmona se reencuentra con Pirineos Sur, que inauguró el auditorio flotante el día 10 de julio de 1992 con su grupo Ketama. El artista se siente especialmente satisfecho de volver a estar en el Festival de las Culturas, que considera “muy étnico y en el que se encuentra muy bien”.

Entre los recuerdos que Carmona tiene está “su emoción al subirse a un escenario sobre las aguas de un embalse, y el frío, que fue compensado con el calor del público y ahora regresa el calor de su música”.

El espectáculo que traen este martes a Lanuza las aguas del Guadalquivir comenzará con el concierto de los Juncales, un espectáculo que aúna la fuerza y la creatividad de los artistas jerezanos, Diego Carrasco, Tomasito, Moraíto entre otros y la nostalgia de un trianero que perdió su barrio, Manuel Molina.

El nombre de Antonio Carmona está indisolublemente unido al de Ketama. Es el cantante y el líder o, al menos, la cabeza más visible de esta formación, considerado como uno de los mejores percusionistas de nuestro país y uno de los mejores representantes del nuevo flamenco o de la fusión con otras músicas, estilo que ha desarrollado sobre todo dentro de las filas de Ketama.

Sin embargo, antes de llegar a este mestizaje, era ya un profundo conocedor del flamenco puro, debido a su origen: es hijo de Juan el Habichuela. Joaquín Sabina definió perfectamente el espíritu de Antonio Carmona. Antonio es un músico gitano que lo ha visto todo porque se ha movido entre los legendarios garitos madrileños Candela y Rock-Ola. Carmona, a sus 41 años recapitula y asegura que todas las influencias han estado presentes en su forma de enfrentarse con la música y la vida.

Siempre ha mostrado curiosidad y esa curiosidad le ha llevado a componer 10 canciones que conforman un elegante y sorprendente trabajo que constituye su primer disco en solitario. Para titularlo ha elegido una frase que es toda una declaración de intenciones: Vengo venenoso. Tradición y modernidad en un compacto adictivo.

Más de dos años de trabajo le ha costado este regreso al mundo discográfico. "No es un disco de flamenco", afirma Carmona. "Es un homenaje a todas las mujeres, a nuestras madres, a esas mujeres que se amarran el pelo y nos apoyan; un disco dedicado a la inmigración, a ese drama que están viviendo miles de personas; es un disco que bebe de la tradición del bolero; es un disco entre agridulce y venenoso y ahora nadie se atreve a hacer un disco agridulce", afirma el músico que demuestra toda su honestidad musical con este Vengo venenoso: "No puedo engañar a la gente y creo que este tipo de mensajes hacen mucha falta".

Diego Carrasco. Festivo, incansable y con un compás contagioso, lo más relevante de Diego Carrasco es su faceta creativa, en una insólita capacidad para componer con originalidad y talento, partiendo incluso de cancioncillas callejeras infantiles o aires tradicionales. Tiene una especial sensibilidad para encontrar una fuente de inspiración válida en verdaderas nimiedades, y hacer de ellas cantes llenos de espontaneidad y frescura, que han enganchado a los más recalcitrantes puristas.

Por lo que se refiere a los integrantes del concierto “Los Juncales”, Manuel Molina, fue un guitarrista del dúo Lole y Manuel. Comenzó formando parte del grupo de rock Smash. En solitario ha grabado un disco La calle del beso. Tomasito en el año 1994 graba su primer álbum Torrotrón. Su segundo trabajo, Tomasito, se convierte en referente para muchos músicos que buscan una fusión de estilos muy especial. Su faceta más desconocida es el baile, el cual hace que sus actuaciones en directo sean irrepetibles e inolvidables gracias a su peculiar y único estilo.

Moráito Chico realizo su debut profesional con la Paquera de Jerez, y desde entonces es más fácil hablar de los cantaores a los que no ha acompañado. Tiene un toque de guitarra muy especial y es reclamado continuamente tanto en estudio como en directo, varios discos en solitario y numerosas colaboraciones .

Javier Barón nace en Alcalá de Guadaira, donde se hacía el pan de Sevilla y un cante por soleá. Él tendrá –en su arte– de lo uno y de lo otro: sustancia de tierra para dar alimento natural, y profunda elegancia de sencilla majestad con mucho empaque. Sus obras significan una versión cabal del clasicismo renovado.

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