Historia de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos del Ayuntamiento de Huesca

A ciencia cierta no se sabe con exactitud la fecha en la comenzaron sus desfiles por las calles de nuestra ciudad la comparsa de Gigantes y Cabezudos. Las primeras noticias datan de las cuentas del Concejo en el siglo XVII, concretamente el año 1663, en donde se estipula el pago de 313 libras, 3 sueldos y 5 dineros de dicha comparsa, para la salida de la misma en las festividades del Corpus, San Vicente y San Lorenzo.

A mediados del siglo XVIII, los gigantes que suponemos construidos en 1663 presentaban síntomas de evidente vejez y los regidores encargan al escultor y pintor oscense D. Valero Sola su restauración por un valor de 24 libras jaquesas.

Una real cédula de Carlos III de 24 de agosto de 1780, que refleja muy bien el espíritu de la época, fundándose en posibles irreverencias, prohibía la asistencia de los gigantes y danzas a las procesiones y a las demás fundaciones eclesiásticas. La danza de gigantes y cabezudos, con sus bailes, quedó delegada a los festejos populares, aunque por poco tiempo, pues algunos años después volvieron a figurar en las procesiones.

En 1823 aparece una descripción del tamaño, las vestimentas, la forma de actuar durante las fiestas y su acompañamiento, con gaita y tamboril, a cuyo son suelen ejecutar algunos bailes.

Es el 23 de julio de 1860 cuando el Ayuntamiento de Huesca toma el acuerdo de construir nuevos gigantes y cabezudos, encargando la obra al escultor zaragozano Felix Oroz, por un valor de 10.000 reales, su estructura era de madera y cartón.

Los gigantes masculinos llevarían la maza, ya que representaban unos heraldos, y vestirían túnica de panilla roja y dalmática con galones de oro falso y las armas de la ciudad; los femeninos llevarían vestidos de damasco y algodón verde, uno de aldeana y otro de chesa. Serían más altos que los anteriores.

Felix Oroz fue un artista muy popular que recibió numerosos encargos; todavía hoy, en algunas localidades aragonesas pueden verse figuras semejantes a las nuestras. Incluso debió de extender sus producciones fuera de Aragón, la comparsa de Alfaro, que presenta muchas semejanzas con la de Huesca podría ser de su mano.

En 1893 se produce de nuevo otra reforma siendo lo más significativo de ella el que los dos gigantes masculinos que fueron dos heraldos pasaron a representar a los reyes de Aragón, Alfonso el Batallador, con la maza de Fraga y Pedro I, el conquistador de Huesca armado con la espada.

En 1986 fueron reproducidos por Julio Luzán en resina de poliéster y fibra de vidrio, material más duradero y estable. Julio realizó los moldes de los originales de cartón piedra y mantuvo en los cabezudos todas las deformaciones de golpes y de algún que otro tropezón producidos en las carreras laurentinas, acentuando así su aspecto grotesco y caricaturesco.

De los de cartón piedra, únicamente se conservan en bastante mal estado un caballico completo y una cabeza de su pareja, que fueron realizados seguramente por Felipe Recacha en 1968. Era este el propietario de Juguetería Recacha, de Zaragoza, fábrica de juguetes de cartón piedra, caballitos, toros, peponas y baratijas, puesto que hemos encontrado unas etiquetas en su interior que lo autentifican. La fecha es posterior a los años cuarenta y anterior a los setenta, ya que se conservan fotografías de Ricardo Compairé de los años treinta donde se aprecia que los caballos son diferentes y en los años setenta es cuando Recacha traspasó el negocio, denominándose a partir de entonces Aragonesa de Fiestas.

En 2007 el Área de Fiestas del Ayuntamiento de Huesca encarga un trabajo de restauración y consolidación de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos a la empresa Conservación y Restauración Tesera, S.L. dirigida por José Coarasa Barbey.

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