Monzón recuerda un año después la riada del 15 agosto de 2006

Sosa

Hoy se cumple un año de la impresionante crecida del río Sosa, tras descargar sobre Monzón y la franja que sube hasta Peralta de la Sal una fuerte tormenta de granizo. A su paso por Monzón, el río arrastró árboles y coches aparcados próximos al Sosa. Aunque no hubo que lamentar daños personales, la crecida provocó innumerables destrozos, siendo los más afectados los coches aparcados que sufrieron la rotura de cristales y la abolladura de su carrocería. El agua dejó bajos inundados, tejados con fuertes impactos y árboles castigados.

Sobre las cinco y media de la tarde de la tarde del 15 de agosto cayeron de 60 a 70 litros por metro cuadrado. El granizo fue el causante de innumerables daños sobre todo en techos de uralita y en coches, destrozando numerosas lunas. Tras la tormenta, en torno a las ocho de la tarde, el agua caída en la cuenca del Sosa desembocaba en Monzón en forma de una espectacular riada, que se llevó consigo cinco coches y causó numerosas inundaciones. Lo que hubiera podido ser una inundación sin precedentes, se quedó en un mal menor gracias a los muros de encauzamiento del Sosa, recién construidos y a la apertura del tercer ojo del puente Viejo del Sosa, tal y como reconoció entonces el alcalde de Monzón, Fernando Heras.

Sí se vieron afectados varios inmuebles en las calles Baltasar Gracián y Juan de Lastanosa, alcanzando el agua un metro de altura en los locales de planta baja y las casas de campo próximas al cauce, además de algunos vehículos aparcados en el descampado próximo a la calle Teresa de Calcuta. Los daños en las instalaciones públicas también fueron numerosos, afectando al Espacio Joven en el techo del escenario, la maquinaria de la piscina climatizada y de la piscina de verano, más cien farolas, más de 250 árboles, cincuenta papeleras o la zona de juegos de Baltasar Gracián. El Ayuntamiento valoró los desperfectos sufridos en las instalaciones e infraestructuras municipales en más de 500.000 euros.

El guarda-acequiero en la Comunidad de Regantes de la Derecha del Sosa, Antonio Vidal fue quien, tras el granizo, fue a recorrer los desperfectos que había ocasionado la tormenta y se encontró con la crecida de más de cinco metros que llevaba el río en la zona del Sifón. Inmediatamente avisó a la Policía Local, que tuvo un margen de media hora para actuar y activar la alerta a la población.

Al día siguiente, el presidente del Gobierno de Aragón, Marcelino Iglesias, visitó in situ las zonas afectadas, comprometiéndose a apoyar en la misma medida que en otras zonas afectadas por el pedrisco o por riadas. Se abrió entonces en el Ayuntamiento de Monzón una ventanilla única para tramitar las solicitudes de ayuda económica de los vecinos por los daños causados por la granizada y la riada. En un mes y medio se tramitaron mil cuatro expedientes, cuyos presupuestos de gastos para la reparación de desperfectos en viviendas, coches y explotaciones agropecuarias sumaban 3.350.000 euros.

El alcalde, Fernando Heras, entregaba la primera semana de octubre a la directora general de Vivienda y Rehabilitación de la DGA, María Teresa Pérez Esteban, los 21 archivadores con la documentación relativa a viviendas y vehículos.

Por su parte, la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) comenzaba en enero las obras del Proyecto de Actuaciones Medioambientales en el río Sosa para, entre otras cosas, reparar los daños causados por la avenida del 15 de agosto dotando al tramo de mayor seguridad. El primer proyecto de limpieza y desbroce del cauce y obras complementarias fue revisado después de la riada. Se retiraron lodos, se repararon las escolleras dañadas en un tramo de 60 metros, plantando vegetación leñosa autóctona, y la zona se protegió con un talud- escollera de tres metros que coincide con el tramo de orilla en el que impacta el agua antes de que el río cambie el curso con un meandro.

En cuanto al tramo del cauce más cercano a las calles Arboleda y Ésera, según los informes de los técnicos municipales no existe peligro para las viviendas. La inspección posterior a los acontecimientos certificó que no hubo movimientos importantes de tierras, y otra más adelante lo corroboró.