Carta Pastoral de los obispos aragoneses para orientar a los padres sobre la Educación para la Ciudadanía

Los Obispos de las diócesis de la provincia Eclesiástica de Zaragoza y el Obispo de la diócesis de Jaca, han hecho pública una Carta Pastoral sobre lo que consideran un tema de indudable actualidad e interés, como es la implantación de la nueva materia de enseñanza obligatoria y evaluable, introducida en el sistema educativo español, Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos.

Los obispos se hacen eco del sentir de muchos sectores de la población, que se encuentran en una situación de confusión y malestar por este asunto. Llaman a todos, especialmente a los padres, a actuar de modo responsable y comprometido, en defensa de la libertad de conciencia y de la libertad de enseñanza, y en defensa de sus derechos inalienables de educar integralmente a sus hijos, con el deseo de encontrar cauces de entendimiento y horizontes de solución.

El texto episcopal recuerda, en su introducción, que la educación ocupa un lugar decisivo en la vida del hombre, y que afecta a todas las dimensiones de la persona. Los obispos aragoneses reconocen el trabajo que realiza el Estado por la mejora de la educación y advierten, al mismo tiempo, que el estado no puede erigirse en instancia educativa autónoma. En un primer capítulo de la Carta Pastoral se ponen en relación la Dimensión social del hombre y la educación cívica. Los prelados recuerdan los principios que, según el Consejo de Europa, deben presidir la Educación para la Ciudadanía Democrática: enseñar los derechos y deberes fundamentales que deben configurar la identidad del ciudadano, y señalar los límites que toda educación para la ciudadanía nunca debería sobrepasar.

En un segundo momento, se analiza la Educación cívica en el actual sistema educativo español y sus presupuestos antropológicos y éticos. Los obispos de Aragón creen que la visión antropológica que inspira esta enseñanza, presenta un tipo de hombre ajeno a su Creador, sin trascendencia; un hombre en el que las facultades espirituales del alma son eclipsadas por el nivel del conocimiento sensible y por los afectos; un hombre que se construye a sí mismo, que no puede conocer la verdad y reconocer el bien; y un ser humano cuya sexualidad no es constitutiva, sino el resultado del deseo y de la elección.

En otro capítulo de la carta, se plantean las dificultades ético-jurídicas de la educación para la ciudadanía. Concluyen que la imposición desde arriba de una materia curricular de esta índole, no respetaría la secuencia constitucional: libertad de pensamiento-libertad de enseñanza-libertad de los padres a decidir la identidad de la educación integral de sus hijos. En consecuencia, creen, no se podría imponer a los alumnos, con carácter obligatorio y evaluable, una materia de enseñanza con contenidos dirigidos a formar la conciencia.

Finalmente, los obispos se preguntan por algunas salidas ético-jurídicas posibles. La Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos podría tener una salida fácil se se la descargara de su fuerte componente antropológico y ético o si aquélla perdiera su carácter obligatorio y evaluable.

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