Educación para la alimentación de la ciudadanía

Luis Laiglesia

Un estudio de la Universidad de Zaragoza intenta conocer los hábitos alimenticios de nuestros niños y adolescentes con el objetivo de mejorarlos, ya que se ha detectado que cada vez se alimentan peor, de forma que comienzan a detectarse enfermedades que tienen que ver con la nutrición inadecuada a edades más tempranas.

Mientras las administraciones, no todas, se afanan por mejorar la alimentación de los ciudadanos, las multinacionales sólo entienden de ingresos y gastos.

No me cabe en la cabeza el que prácticamente todas las galletas y bollos industriales contengan en su composición grasas vegetales de procedencia inconfesable. La mayoría de las veces, por no decir todas, son aceites palmíticos nocivos para la salud, pero baratos, más baratos que los aceites de semillas, y no digamos que nuestro aceite de oliva, la grasa más saludable que existe.

A eso añadan que también hay otras grasas, las parcialmente hidrogenadas, permitidas en la Unión Europea y que incluso Estados Unidos, un país que precisamente no se caracteriza por cuidar la salud de sus ciudadanos, comienza a prohibir. Ésas también aparecen en la composición de muchos bollos, bizcochos y galletas que damos a nuestros hijos.

La hipocresía de los gobiernos es intolerable. Se les llena la boca hablando de políticas sanitarias y mientras tanto permiten la fabricación de este tipo de alimentos, la utilización de pesticidas y la proliferación de alimentos transgénicos que veremos qué consecuencias terminan teniendo.

Hablando un día con Martín Berasategui me dijo: “mal gobierno el que no cuida la alimentación de su población, el que no tiene a la alimentación como una materia fundamental en las escuelas”.

¿Se han preocupado de echar un vistazo a los libros de sus hijos para comprobar la importancia que se le da a la alimentación en eso que se llama el currículo? Yo lo he hecho y es desesperanzador. Sólo encontré un párrafo y su contenido era equivocado.

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