Cartas al director: Ocupar una plaza de flauta travesera, en el Conservatorio de Sabiñánigo, todo un reto

Alberto Puértolas López

Mi hijo tiene 7 años y mucha ilusión por aprender. Este año ha intentado entrar en el Conservatorio de Sabiñanigo. En junio, como otros niños, no obtuvo plaza para flauta travesera, quedando 5 plazas sin cubrir. En septiembre se abrió una nueva convocatoria para 3 plazas de ese instrumento, se presentaron tres candidatos y solo se cubrieron 2 plazas.

Quisimos saber las razones y seguimos el procedimiento establecido para la reclamación; aquí empezó el calvario de mi hijo. Al parecer no era capaz de soplar durante 4 segundos. El tribunal consideró que no había motivo para modificar su decisión. Seguimos con el procedimiento ante la Dirección Provincial. Tuvimos que hacer un reconocimiento médico al niño (está perfectamente, gracias a Dios). El Inspector, tras estar nuestra reclamación extraviada 18 días por los registros oficiales, debió considerar que sí había algún motivo y que debía repetirse únicamente la prueba del soplo.

El día de la prueba mi hijo me preguntaba por qué el no podía ir al conservatorio después de hacer tantas pruebas y me confesó que ya no quería soplar más. Le obligué a ir y hacerla, creyendo que serviría para algo, pero me equivoqué. La prueba, en esta ocasión, no se realizó como en las anteriores, pues aumentó el nivel de exigencia. Pedimos al Inspector que estuviera presente pero no lo consideró necesario y nos pidió que confiáramos en el sistema.

También informé al Director Provincial de mi preocupación y desconfianza hacia el Tribunal.

Lo han conseguido, mi hijo no quiere saber nada del conservatorio. La profesora de flauta, Carmen Viejo, podrá dedicar su valioso tiempo a otras cosas. La inspección podrá seguir haciendo informes que cumplan escrupulosamente la ley. Yo ya no confío en el sistema.

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