Cartas al director: Por un mejor hospital en Barbastro

Javier Callau , Diputado en las Cortes de Aragón

Resulta evidente que la creciente intensidad del debate político ante la cercanía de las elecciones generales, está provocando una profusión de acciones desde los partidos, que han optado por elevar el tono de sus planteamientos y declaraciones. Tanto que incluso llegan a perder las formas, a faltar a la verdad y a utilizar técnicas de tergiversación. Nada nuevo, si no fuera porque en ocasiones esa interesada desmesura llega a provocar otras consecuencias, como la desconfianza de los ciudadanos incluso hacia entidades y servicios esenciales.

Algo de todo eso está sucediendo con la auténtica campaña desatada ahora a raíz de una proposición del PP ante la Comisión de Sanidad de las Cortes de Aragón, que ha dado origen a una personalizada petición de reprobación para dos diputados, entre los que me encuentro.

Nada más fácil que tomar diez líneas de una sesión cuya trascripción ocupa cuarenta páginas para organizar esa campaña, ocultando absolutamente los argumentos realmente aportados y cualquier criterio de responsabilidad en una materia tan importante para todos como la Sanidad.

Por ejemplo, no tiene calificación posible llegar a escribir en una moción que alguien ha dicho que hay médicos especialistas que no realizan todas las intervenciones quirúrgicas que podrían realizar “porque no tienen voluntad suficiente”, cuando la única verdad que se puede repasar en la trascripción es que dije, en un contexto concreto además, que no realizan esas operaciones “porque no tienen volumen suficiente” de intervenciones. La diferencia es tan patente que hay que ser muy ingenuo para justificar ese cambio de término simplemente en una intención falaz.

¿Qué quiere expresar la alusión al volumen suficiente -que no voluntad suficiente- de intervenciones? Tan sencillo como las explicaciones ya dadas en la Comisión: si un médico sólo puede “hacer manos”, es decir, ejercitarse y adquirir práctica y experiencia, en determinado tipo de intervenciones, una o dos veces al año, resulta habitual que se pueda acabar por establecer una derivación del paciente a otro centro, donde se llevan a cabo más a menudo. La responsabilidad profesional y los factores técnicos avalan esa decisión que, sin embargo, algún político considera una salvajada, no entiende y manipula.

Lo mismo cabe señalar de una frase extractada al margen de su párrafo, sobre las preferencias particulares en ser intervenido en Zaragoza (no dije Huesca) o en Barbastro “en según qué operaciones”. Sin duda. Si un mal día me veo afectado por un tumor cerebral o por la necesidad de un trasplante urgente, deberé acudir a un centro hospitalario especializado en su atención, que no está en Barbastro, ni en Huesca y quizá ni siquiera en España, como en alguna ocasión está sucediendo. Pretender que todos los hospitales de Aragón tengan la capacidad para realizar todas las intervenciones es abusar de la demagogia y de la irresponsabilidad manifiesta. Todos los sistemas sanitarios planifican con centros de referencia. Exponer esta realidad merece una reprobación, según algunos.

Puedo reconocer la equivocación en resultar tan tajante en determinadas afirmaciones. En todo caso, conviene recordar qué planteaba el PP. Su proposición pedía que el “Gobierno de Aragón equipare la plantilla de médicos del Hospital de Barbastro con el Hospital San Jorge de Huesca” y nada más. No aceptó ninguna de las enmiendas que trataban de racionalizar esa idea, formulada además a sabiendas de que resulta imposible. Su portavoz ni siquiera se mostró dispuesto a asumir que era más lógico solicitar la ampliación y adecuación de la plantilla.

Su única motivación era que el hospital barbastrense atiende al mismo número de personas que el San Jorge de Huesca. Es decir, su concepto de planificación es estrictamente matemático. En ese mismo tono, señalé que si se aplicara sólo la matemática y no fuera imprescindible tener en cuenta otros factores, habría que convenir que algunos centros de salud de la zona oriental del Alto Aragón necesitan menos médicos, ya que atienden a menos población que otras zonas. Evidentemente, se trataba de reducir al absurdo ese concepto estricto que defendió el PP.

Lo mismo puede explicarse respecto a la ubicación del hospital. Si tomáramos exclusivamente la geografía como referente, trazamos los meridianos y paralelos del sector sanitario y es patente que el centro podría estar desplazado unos kilómetros de su situación actual. En ese sentido, se podría deducir un defecto en la decisión adoptada en los años 80, pero evidentemente no es el único parámetro a tener en cuenta y tomar ese ejemplo para agitar el tópico enfrentamiento entre localidades vecinas, sin duda es hacer un flaco favor al futuro que debemos construir en común.

Un futuro que defendimos en la comisión, reconociendo abiertamente que existen problemas de personal y de listas de espera. A partir de ese reconocimiento honesto, hasta por cinco veces aseguré que se debía aumentar la plantilla de médicos en el Hospital de Barbastro. Cinco veces, al menos, porque es lo que pienso y quiero dejar constancia de ello, aunque esta posición tan rotunda esté siendo obviada. Valorando también otro hecho fundamental: hasta las transferencias sanitarias de un gobierno central del PP a un gobierno aragonés PSOE-PAR, el centro tenía consideración de “comarcal”, casi un hospital “de paso”. Este gobierno aragonés está realizando las inversiones -atención, más de 15 millones de euros- para mejorar las instalaciones y transformarlo en hospital general. Frente a los 4 millones que planteó el gobierno del PP para acondicionar las urgencias únicamente, hemos pasado a ese ambicioso plan presupuestado en 15 millones, que incluye avances sustanciales en todos los servicios. La aplicación de este plan, con las molestias comprensibles generadas por las obras, está suponiendo determinadas disfunciones que afectan a usuarios y trabajadores, que verán mejoradas notablemente sus condiciones cuando concluyan. No se puede pedir paciencia, pero sí explicar la cosas como son.

Debo referirme finalmente a un hecho que, a la vista de la bandera que pretende enarbolar el PP contra este diputado, resulta esclarecedor. Es lamentable que el mismo partido que amparó la más importante crisis vivida por el Hospital de Barbastro en 25 años, pretenda dar lecciones ahora. Todos recordamos el despido de especialistas que puso en jaque un servicio tan importante como el de Ginecología. En aquellas fechas, este diputado era profesional como médico en el centro y sufrí represalias laborales por posicionarme en contra de aquella maniobra y en defensa de la calidad asistencial del hospital. Cuando a la vuelta de los años, con la misma sinceridad y firmeza que entonces, defiendo lo que creo razonable, aquellos mismos quieren reprobarme. Quizá me la tenían guardada todavía.

Para terminar, deseo garantizar el compromiso en seguir colaborando, en la máxima medida, para que los ciudadanos de Barbastro y de todas las comarcas orientales del Alto Aragón cuenten con la mejor asistencia sanitaria, mediante las obras que he explicado, el aumento de plantilla y la dotación material y humana precisa. Otros planteamientos que sólo buscan una penosa rentabilidad en la bronca quedan a expensas de la valoración que hagan esos mismos ciudadanos, a la que personalmente me someto.

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