Un convenio inconveniente

Luis Laiglesia

El Ayuntamiento de Huesca ha vuelto a incluir en la agenda de las Comisiones de Urbanismo el asunto del convenio del Polígono de las Harineras.

El Consistorio se equivoca en no forzar una solución y tomar el toro por los cuernos marcando lo que hay que hacer y cómo hay que ejecutarlo.

Se parte de la premisa de que los propietarios con negocios garantizarán la continuidad de las empresas, sin embargo en la negociación, estos dicen que verdes las han segado. Ante este nuevo escenario, el Ayuntamiento de Huesca, si no modifica el Plan General de Ordenación Urbana rebajando la edificabilidad del Polígono, estará contribuyendo a favorecer una de las mayores operaciones especulativas de los últimos tiempos en la ciudad.

En el PGOU se dio una edificabilidad elevadísima para el polígono con el objetivo de que las plusvalías urbanísticas permitieran el traslado de las fábricas. Insisto, traslado, no cierre.

Si los empresarios no aseguran la permanencia de los puestos de trabajo, la ciudad no debe, bajo ningún concepto, soportar la servidumbre de un amacizamiento como el previsto en el polígono.

A este respecto, una formación política como Izquierda Unida pide la gestión pública de la zona, aunque ahora ha dado dos pasitos para atrás y le da al Consistorio y a los propietarios seis meses de gracia para que se pongan de acuerdo. De gracia ¿para qué? Sinceramente, me sorprende esta postura de la formación de izquierdas.

El Ayuntamiento tiene en sus manos todas las herramientas para decidir qué quiere hacer en el Polígono, y no debería olvidar en la toma de decisiones que debe siempre prevalecer el interés general sobre el particular. A este respecto es prioritario sacar las harineras del casco urbano, pero no a cualquier precio.

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