El consumismo navideño promueve un modelo social y ambiental insostenible

La Navidad no es sólo felicidad, la reunión con los seres queridos o los regalos, el consumismo que se realiza en estas próximas fiestas tiene unas consecuencias ambientales y sociales por el despilfarro de recursos y la creciente producción de residuos.

El consumismo navideño tiene un impacto ambiental tal que si la cultura navideña se desarrollara de igual forma por todo el mundo, serían necesarios tres planetas (con sus materias primas, fuentes energéticas…) para atender la demanda. Y socialmente porque sólo un 12% de la gente que vive en Norteamérica y Europa occidental es responsable del 60% de ese consumo, mientras que los que viven en el sudeste asiático o en el África subsahariana representan sólo un 3,2%.

Los abetos se han convertido en un objeto de consumo de usar y tirar, que va del monte o el vivero al vertedero después de pasar la navidad en una casa. Llama la atención que haya viveros dedicados exclusivamente a la producción de árboles que van a la basura (alrededor de 2.000.000 al año), es necesario que los abetos naturales puedan ser replantados tras su uso en Navidad o simplemente hacer uso de árboles sintéticos que puedan ser utilizado durante varios años.

El despilfarro energético que realizamos en estas fechas es enorme, las luces de los árboles de Navidad, las luces de nuestras calles o el incremento del uso de la calefacción en estas fechas supone un incremento cercano al 20 por ciento por lo que es necesario un uso mesurado en estas fiestas. Otro dato que llama la atención es que mientras que el resto del año cada persona genera un kilo y medio de basuras al día (hace 30 años no se llegaba ni a medio kilo), en estas fechas son dos kilos; y la mitad son envoltorios y embalajes. Por lo que ya saben planifiquen estas fiestas y piensen en el medio ambiente.

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