Navidad

Cristina Pérez Diego

Los restos de la nochebuena viajan por la terraza, donde la abuela sacudió el mantel con la esperanza de que los pájaros de invierno, se dieran también un festín de navidad. Pero a la abuela se le olvidó entrar el mantel, asi que el viento de la noche lo ha trasladado a otra terraza, otra casa. Justo dos bloques más allá, la abuela está viendo hoy por la mañana, el mantel rojo de lacitos, el que su hija saca exclusivamente para estos días. "No pasa nada- le dice su hija-sacamos el de diario y ya está mamá".

Pero la abuela, que es mucha abuela, ya se ha plantado en la calle y se dirige al portal donde ondea el mantel…no sabe cómo pero, al final, vuelve con el trozo de tela más ventilado que nunca y con la sonrisa de que, a pesar de la edad, todavía tiene recursos para enfrentarse a las pequeñas cosas de ésta vida.

Este gesto ya le ha servido para reforzar su autoestima en lo que queda de navidad. Tanto que, a estas horas, ya le ha dado tiempo a poner el mantel, la mesa, colocar las sillas y hasta repartir las flores de pascua por los sitios más estratégicos de la casa. Además, hoy, hoy vendrán todos a comer. Hasta el hijo pequeño, el que siempre va por libre y nunca nadie sabe dónde para. Hoy si, hoy vendrá él y le llenará la cara de besos con los mimos parecidos a los que le daba de pequeños cuando se metía en la cama de sus padres porque la casa, aquella casa…era tan fría.

La abuela, a la hora de comer ,hará un repaso por las caras de su familia y recordará las palabras de su marido cuando le decía al oído, orgulloso, en día como hoy “mira bien Maria, toda esta familia la hemos hecho nosotros…”, siempre era en navidad cuando al abuelo se le llenaba el corazón de orgullo. Ahora no está y la abuela, por eso, no para con el trajín…para no pensar mucho en su ausencia.

Es navidad, asi que toca un poquito de nostalgia, otro de melancolía , porque la alegria la ponen los nietos y si hace faltac hispa para eso está el cava. Mientras ajusta el mantel, la abuela sigue pensando que, después de comer ,volverá a ventilar los restos en el balcón…esta vez no lo dejará escapar porque, ni en navidad, conviene tentar a la suerte dos veces seguidas. A su edad conviene que los cuentos tengan un final feliz.

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