Cartas al director : A las cristianas y los cristianos nos concierne la ciudadanía a pie de calle

Joaquín Palacín Sesé y Mª del Pilar Martín Faure

Ser ciudadana o ser ciudadano no tiene el mismo significado en nuestras sociedades... A eso se le llama desigualdad...

Ser o no ser ciudadana o ciudadano no tiene el mismo significado en nuestras sociedades... A eso se le llama injusticia.

Contra la desigualdad y la injusticia están los derechos humanos... Esta Carta de Derechos tiene un carácter mundial, no distingue de procedencia, de sexo, de edad, de opciones personales... Es una Gran Carta que se confirmó un 10 de diciembre, recién acabada una guerra, también mundial...

Esa Carta tiene precedentes históricos, contextualizados en momentos y personas de vanguardia... Sin ir muy lejos, en la Carta de Derechos del Ciudadano que se ratificó en Francia tras la Revolución de 1789... Distintas compañeras impulsaron una Carta semejante con los Derechos de la Ciudadana en un nuevo intento de hacer patente y de impulsar una revolución que sin todas no abarcaría la universalidad.

El camino del Derecho es largo y continuará siéndolo...

Para cristianas y cristianos ese camino se trazó con una alianza nueva y eterna, con Jesús como encrucijada...

Esa alianza nos convertía en ciudadanas y ciudadanos a todas y todos, sin distinción, para siempre y por siempre... Esa ciudadanía nos vinculaba al proyecto trinatario, el de la hermandad por excelencia, el modelo comunitario...

Esa ciudadanía nos exigía y nos exige vincularla al día a día, en nuestras calles, en nuestras casas, en nuestras familias, con quienes nos relacionamos y también con quienes no conocemos... La ciudadanía no es una cuestión del “cielo”, ajena a lo cotidiano, la ciudadanía es una cuestión de hoy, desde ayer y para mañana, aquí, para que nuestras manos construyan un concepto desde el corazón...

¿Cómo no vamos a estar a favor de “la educación para la ciudadanía”?... Hemos de estar al frente de las iniciativas que busquen la construcción del “ser ciudadana”, “ser ciudadano” desde la igualdad y la justicia, sin distinción de sexo, procedencia, edad o condición... Curiosamente, este concepto, ya lo leemos en la Carta de Derechos Humanos...

Cristianas y cristianos tenemos una exigencia...Concretarla, no porque seamos elegidas y elegidos para ello, sino porque creemos firmemente en que, codo con codo, la comunidad, sin distinguir sexo, edad, procedencia, condición u opciones personales somos capaces de encarnar la Nueva Noticia.

Feliz Año 2008, ciudadanas y ciudadanos del mundo.

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