Me lo pido

Cristina Pérez Diego

A algunos ya no nos hace falta la excusa de la navidad, ni siquiera de los Reyes Magos para hacer lista de peticiones. El arte de pedir es innato al ser humano. Cuando nacemos, por el hecho de ser los seres vivos más inteligentes pero más inútiles de la creación, estamos pidiendo a gritos atención casi exclusiva. Poco a poco sigue el listado y no paramos de pedir nunca. Conforme avanzamos en el camino las peticiones acaban convirtiéndose en exigencia y, en según que edades concretas del hombre, no concebimos un día sin que, en algún momento, tengamos una necesidad de pedir y pedir y pedir.

Nos hemos acostumbrado a poner en los demás nuestras propias expectativas y, a esperar que los acontecimientos lleguen por sí solos o de la mano de otros.

Ahora, para los más pequeños, llegan de la mano de la magia del último día de la navidad. Ya les estamos enseñando a establecer una lista de prioridades en su vida, a poner orden en sus peticiones, a valorar y a hacer un balance y a escoger y, por último a plasmar sus deseos que, por arte de magia, se harán realidad en unas horas.

Habrá que enseñarles, luego, que no siempre será así de fácil.

Yo me pido, me lo pido, me pido y lo pongo arriba del todo para que sea regalo seguro, que entremos en un año donde la coherencia reine sobre todas las cosas. Como no lo he hecho por el método habitual de depositar la carta en el buzón de los Magos, espero que los Reyes, mientras que llegan y no, se entretengan echando un vistazo a la información de la zona y les llegue este mensaje.

Por pedir que no quede.