Las pistas para el Mundial de Esquí Alpino Júnior Formigal 2008, preparadas para el descenso

Las pistas de la estación de esquí aragonesa esperan impacientes a los esquiadores para este Campeonato Mundial de Esquí Alpino Júnior Formigal 2008. Los participantes comenzarán a llegar a partir del 22 de febrero a la urbanización del valle de Tena donde permanecerán durante una semana para efectuar las pruebas de la competición: Slalom, Gigante, Super Gigante y Descenso.

Para ello, los preparativos de las pistas han comenzado con el aspecto más importante a nivel de competición, tanto para cualquier club como para este mundial: los requisitos de la Federación Internacional de Esquí (FIS). En primer lugar, la pista debe cerrarse de arriba abajo con redes, tipo A o tipo B según el nivel de cada prueba, que permiten mayor o menor altura y profundidad para que el esquiador tenga, entre otros, un margen de escape largo al momento de frenar cuando finaliza el descenso.

Los elementos que componen una prueba de estas características incluyen en la salida dos casetas o carpas, que pueden ser tipo hinchable o de otro material similar, donde se concentran los cuatro o cinco competidores. En la otra carpa exterior los esquiadores se concentran por orden de salida mientras realizan ejercicios de calentamiento.

La preparación de la pista se trabaja con una anticipación de tres semanas ya que la nieve debe tener la consistencia del hielo. De este modo, los esquiadores estarán en igualdad de condiciones desde el primero hasta el último. Para conseguir la dureza que requiere la nieve se utilizan las máquinas de inyección de agua. Posteriormente, se realiza un seguimiento de las pistas para comprobar que se mantienen heladas.

Así, un día antes de realizarse las pruebas -sobre la nieve ya pisada con las máquinas- se procede al marcaje de la misma. Los banderines son colocados manualmente por el equipo de montaje, un marcador desciende para señalar con un taladro dónde se sitúan las puertas. Detrás, le sigue el equipo que va colocando los palos. El trazado compete a profesionales de amplia experiencia en el esquí designado por las FIS.

Otra de las funciones más importantes es la del rapador, que consiste en ir bajando por el mismo trazado por el que descienden los corredores para dejarlo liso, retirando la nieve acumulada en los lados. Los grupos de rapadores suelen ser de 30 personas y realizan su labor por cada 15 esquiadores que han realizado la prueba. Es un trabajo muy importante que se lleva a cabo durante las dos o tres horas que dura una prueba de competición para que la pista esté perfecta.

Se requiere a alrededor de 120 personas para preparar las pistas entre pisters, personal de estación, personal de seguridad, rapador y controlador. Estos últimos son los que controlan que el esquiador no se salte ninguna puerta y que lleve la línea correcta.

La distancia entre las puertas para cada prueba guarda una estrecha relación con el tipo de descenso. Para las pruebas de velocidad la distancia entre puertas es mucho mayor y las curvas son mucho más largas para dar tiempo al esquiador a girar.

A medida que se reduce el espacio entre puertas significa que las pruebas son más técnicas, como el Gigante y el Slalom. Este último es la prueba donde las puertas o banderines están más próximos y requiere del esquiador más habilidad de giro corto y mucho cambio de giro rápido. En el Gigante, la curva es un poco más larga para pasar a la prueba de Descenso donde el trazado es prácticamente recto y requiere de los esquiadores que controlen las curvas largas de mayor profundidad.

Las pruebas de velocidad tienen saltos por el cambio de rasante y, a medida que el esquiador gana velocidad, los esquís se van despegando del suelo. Los trazados conllevan dificultades ya que están preparados así para las pruebas. En el Slalom se requiere del esquiador un cambio de cantos muy rápido porque los trazados son muy cortos, tienen que pasar las puertas de un lado a otro en el menor tiempo posible. Para ello las pistas están planas, sin baches. Por otro lado, las pruebas de velocidad suelen ser las más espectaculares ya que el esquiador utiliza mucho los saltos.

Finalmente, la zona de llegada donde se sitúa el arco de meta es la más protegida, está vallada incluso con colchones y sólo se permite el acceso a los competidores, no puede entrar nadie más. Es la zona más protegida para darle tiempo y distancia al esquiador en la frenada.

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