El Obispo de Huesca y Jaca muestra su postura ante las Elecciones

Con suficiente tiempo como para que los católicos puedan reflexionar sobre el sentido de su voto en las próximas elecciones generales, el Obispo de Huesca y Jaca, Jesús Sanz, ha redactado su carta pastoral, bajo el título "Votar o botar: toda una responsabilidad". En ella, recuerda las opciones por las que se decantaron en la nota hecha pública por la Conferencia Episcopal ante las Elecciones.

A pesar de que esa nota afirmaba que "respetan a quienes ven las cosas de otra manera, y que sólo piden libertad y respeto para proponer libremente su manera de ver las cosas, sin que nadie se sienta amenazado", el Obispo asegura que extraña que quienes más les han negado la libertad de expresión se presenten como paladines de una falsa tolerancia, que termina siendo liberticida exclusión. Añade que también extraña que "quienes no han pedido perdón jamás, exijan nefandamente que pidamos perdón (...) que salgamos del todo de una plaza pública en la que sólo ellos dicen tener legitimidad. Y que si somos buenos nos dejarán estar en nuestra reserva apache, sólo en los lugares señalados y en sus fiestas de guardar".

Jesús Sanz dice que éstos son tiempos extraños, pero apasionantes, y que no tienen nostalgia de ningún tiempo pretérito ni prisa de otro por ellar. Asegura que con quien sabe y quiere dialogar o discrepar, dialogarán y discreparán. Añade: "No, no somos anti-ellos. Por más que sea patética su jerga, manifiesta su vaciedad y terribles sus pretensiones, nosotros no vamos por ahí haciendo política episcopal". Y recuerda que los únicos que han pedido el voto para una formación política concreta no han sido los obispos. Propone: "Que le pregunten al musulmán".

Asegura que no están apoyando o rechazando unas siglas, sino expresando lo irrenunciable de una posición moral que es la que mueve a los ciudadanos a la hora de ejercer el derecho y deber de votar o botar a nuestros representantes. Y añade esos puntos irrenunciables: el derecho a la vida, a la familia como Dios la pensó y la propuso en nuestra naturaleza, la educación de los hijos como responsabilidad primaria de los padres sin injerencias domesticadoras o la convivencia entre los pueblos de España en igualdad. Dice que la paz no debe ser moneda de cambio para otros intereses y que la negociación política con el terrorismo no cabe en ningún Estado de Derecho. Finalmente, muestra su repulsa a la violencia de todo tipo, la demagogia con inmigrantes o con pobres, y la mentira y la corrupción que, dice, incapacitan para una propuesta honesta al minar su credibilidad.

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