El origen de la sentencia

Luis Laiglesia

Las sentencias judiciales no son interpretables, las sentencias son lo que son y dicen lo que dicen.

Afirmo esto porque, a tenor de lo que se le ha escuchado al grupo de gobierno municipal, tras la sentencia que condena al Ayuntamiento de Huesca a pagar una indemnización al estudio Cano Lasso, parece que hubiera sido el Consistorio quien hubiera ganado el caso del Multiusos, hoy Palacio de Congresos.

El Ayuntamiento, le guste o no, ha perdido el juicio, y le ha dicho la Justicia que obro mal y sin ajustarse a derecho. Lo demás es querer confundir a la opinión pública.

Desde el minuto uno, el Alcalde tuvo claro que Diego Cano Pintos no iba a ser el arquitecto que construiría el Palacio de Congresos, y lo sabía porque no había sido su apuesta en el concurso de ideas.

La clave de este despropósito, en efecto, hay que buscarla en el momento de elegir el proyecto ganador. Rafael Moneo, el Presidente del Jurado, quiere que gane el Estudio Cano Lasso, mientras que el Alcalde prefiere el proyecto de Frechilla. Moneo le gana la votación a Elboj, y es eso, junto con la falta de entendimiento entre el arquitecto ganador y el primer edil oscense lo que lleva al Alcalde a tomar una decisión que la Justicia ha terminado castigando.

Poco importa que la indemnización sea más o menos elevada, si lo que se hizo se hizo mal. En estos casos, lo que hay que hacer es acatar la sentencia, pagar la indemnización y defender el nuevo proyecto. Lo improcedente, es lo que se ha hecho, intentar confundir y atacar a quien te ha ganado la mano.

De lo ocurrido, alguien debería aprender que no se puede hacer todo lo que se quiere y que la normativa está para respetarla, sobre todo cuando se ocupa un cargo de representación institucional.

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