Carlos Pauner relata su ascensión al Dhaulagiri

En su página web, el montañero aragonés comenta lo que ha sido una nueva ascensión a un ochomil y la experiencia vivida junto con Marta Alejandre que se ha convertido en la primera aragonesa en ascender a la cima de una montaña de más de ocho mil metros.

Pauner relata que “todos nuestros sueños se han convertido en realidad. El día 1 de mayo, a las 14:00 conseguía poner mis pies en la cima de esta hermosa montaña de Nepal. El viento y el frío eran intensos, pero mis sentimientos estaban candentes. Recordaba a mis amigos, a Garcés, a Sagaste, a Ricardo. No podía dejar de sentir que esta cima iba por ellos, por todos esos buenos alpinistas que dejaron su vida en esta montaña. Podía sentir su presencia en medio de la tempestad. Aquí  arriba, elevado a 8.167 mts no estaba solo. Estaba con todos ellos y de pronto, como solíamos hacer tiempo ha, nos reuníamos, aunque esta vez  en este recóndito lugar”.

El montañero sigue recordando que “arropado por ellos, comencé el descenso al campo 3, donde llegué a las 6 de la tarde. Una jornada muy dura, llena de emociones. Ya desde la madrugada, la montaña nos ofreció su cara más dura. A las 3 de la mañana emprendíamos el largo camino hacia la cima. El viento era intenso, la temperatura de unos 30 grados bajo cero y las dudas fueron una constante durante toda la ascensión. Cada vez el terreno se hacía más complicado. Teníamos que atravesar todas esas terribles pendientes del Dhaula. No había opción para el fallo. Un error y la caída de más de 1.000 metros estaba asegurada. Mucha concentración, mucho esfuerzo. Hacia las 12 de la mañana ya pudimos ver el final de la ascensión. Ese pináculo rocoso, que marca el final de la montaña, nos observaba desafiante. Hacia la 1 llegaron a la cima Iván, Gerlinde, Ferran, David y Fercho. Los pude ver sobre esa punta rocosa que se recortaba contra el cielo. El tiempo estaba cambiando, pero mi voluntad era firme”.

La subida fue muy dura, como comenta el propio Carlos Pauner: “Podía observar también a Marta, algo más abajo, pero haciendo un terrible esfuerzo por llegar a la cima. El tiempo iba cambiando y comenzó a cubrirse la cima y a soplar un fuerte viento. No importaba, ya nada me podía parar. Por fin, todo estaba bajo mis pies. Alex Chicón llegó junto a mi y pudimos abrazarnos y compartir este bello momento. Mi octavo ochomil y la primera vez que un aragonés alcanzaba esta maldita cima. Unos minutos en este extraño lugar y corriendo hacia la seguridad del campo 3. Me crucé con Marta hacia las 3 de la tarde. Aun le quedaba más o menos una hora de ascensión. Estaba muy animada. Le recordé que era tarde, que su ritmo había sido un poco lento, pero su ilusión por convertirse en la primera aragonesa ochomilista era enorme. Le animé a que lo intentase, pero si veía un cambio de tiempo que no lo dudase, que se diese la vuelta. Esperé a unos 8.000 m y pude observar como esta valiente aragonesa alcanzaba la cima. El tiempo le dio una tregua y consiguió elevarse a esa magnífica cota. Bravo por ella”.

El descenso también fue duro: “una vez en el campo 3, esperé su vuelta, fundiendo nieve y manteniendo contacto con Pérez en el campo base. Hacia las 2 de la noche Pérez me comentó que se veían luces bajando hacia mi posición. Larga espera. Nervios. Afortunadamente la noche les fue beneplácita y hacia las 2 de la mañana Marta llegó al campo 3. Agotada, pero contenta de ser la primera aragonesa en la cima de un ochomil. Hizo una apuesta grande y le salió bien. Esta vez, la suerte ha estado de cara para los aragoneses”.

La alegría de todo el grupo fue tremenda: “Al día siguiente, emprendimos el descenso, llegando al campo base al anochecer. Pérez nos salió al encuentro. Nos abrazamos y pudimos disfrutar todos de este momento tan íntimo, tan especial. Ya estamos a salvo, contentos, con alguna pequeña lesión en los dedos que habrá que valorar en los días venideros. Desgraciadamente la montaña se ha cobrado su precio. Siempre es así y una vida ha sido arrebatada para siempre. Nunca he confiado en esta montaña. Es peligrosa y áspera, pero para nosotros ya es historia. Ahora es el momento de descansar, de abandonar este lugar y de pensar en el futuro cercano. Satisfacción por el trabajo bien hecho por todo el equipo. Nuestro más sincero agradecimiento a todas las personas que nos han apoyado y nos han ayudado a llegar a los más alto, a la cima del Dhaulagiri”.

Tras ascender esta montaña el objetivo de Pauner y su grupo es conseguir la cima del Everest sin oxigeno para completar este expedición al Himalaya donde de nuevo el montañismo aragonés ha puesto su bandera en lo más alto.

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