La SD Huesca culmina una temporada de ensueño

Lo que ha vivido este año la Sociedad Deportiva Huesca será difícil de olvidar. Tras un primer año ilusionante, luchando por el ascenso y cayendo contra el Córdoba tras darlo todo en el campo, llegaba una nueva temporada en la que el listón estaba muy alto. Se marcharon algunos jugadores que habían realizado una gran campaña como Falcón, Suárez, Valdés o Camacho, pero se supo fichar y no solo eso sino que el equipo era más compacto y de mayores garantías, como luego se ha ido comprobando.

Con Manolo Villanova en el banquillo había continuidad en el juego y en las ideas y el Huesca de entrada ofreció incluso dudas en la pretemporada. Pero llegó la liga y, aunque se empató el primer partido con el Zamora, pronto los azulgranas se encaramaron en los cuatro primeros puestos de los que ya no se moverían.

Llegó diciembre y se empató con la Ponferradina en el liderato y unas semanas más tarde los azulgranas tomaron el mando de la clasificación. Todo iba viento en popa con el equipo lanzado y la afición entregada en lo que era el camino de otro año histórico.

Pero en el mes de marzo llegó la bomba de la temporada. El Real Zaragoza le ofrecía a Manolo Villanova hacerse cargo del equipo y éste aceptaba llevándose de la mano a Roberto Cabellud. Una convulsión en el club azulgrana que tenía que ponerse manos a la obra rápidamente para buscar un sustituto para el banquillo y luego un preparador físico.

Entonces llegaba Onésimo Sánchez. Conocido por su trayectoria como futbolista y desconocido en los banquillos asumía el reto de dirigir a un Huesca que marcaba el paso en el Grupo II de la Segunda División B. Carlos García Bayón pasó a ser su ayudante.

El comienzo de la era Onésimo fue tranquila con dos victorias seguidas, pero no tardaron en torcerse las cosas. Los resultados negativos empezaron a llegar. Se encajaban más goles y las críticas no tardaron en llegar. El equipo perdía fuerza en la clasificación y se pasó del primer al tercer puesto y con varios rivales pisándole los talones y complicándole la clasificación para la fase de ascenso.

Se reaccionó a tiempo y tras la explosión de jubilo en Pamplona con la clasificación asegurada todo el mundo se preparaba para vivir un emocionante play-off de ascenso. Al final incluso se llegó a empatar en el primer puesto con la Ponferradina y nadie quería a los oscenses en la fase de ascenso.

Se acabó la liga y llegó la fase de ascenso. De nuevo la afición se volcó. Primero con el desplazamiento a Gavá donde se dio un paso decisivo para eliminar a los catalanes, no sin sufrimiento en el Alcoraz, y luego el Écija con todo lo acontecido en dos semanas intensas e históricas de nuevo para el fútbol oscense.

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