El pleno del Ayuntamiento de Monzón aprobó inicialmente la Ordenanza de Convivencia Ciudadana

El pleno de la Corporación montisonense, aprobaba inicialmente, la Ordenanza de Convivencia Ciudadana elaborada por la Concejalía de Participación Ciudadana.

Ahora se abre el plazo de exposición pública.

La concejal del área, Mercedes Álvaro, se ha reunido en los últimos meses con partidos políticos y asociaciones para consensuar el texto.

El alcalde, Fernando Heras, indicó que el antecedente de esta Ordenanza es la de Policía y Buen Gobierno de 1985, la cual, por la propia evolución de la sociedad, se ha quedado obsoleta en muchos aspectos.

En abril, Álvaro presentó el borrador afirmando que el objetivo es definir las normas básicas de convivencia entre las personas en el ámbito público y de respeto a los bienes muebles e inmuebles, tanto municipales como privados, y establecer un cuadro de sanciones. La Ordenanza, valga la expresión, regula asuntos relacionados con la falta de civismo y solidaridad que muchas veces, por ser “temas de importancia menor”, quedan lejos de los Códigos Civil y Penal.

Alguno de estos asuntos son:

Grafitis y botellón. Para contextualizar esta iniciativa, cabe indicar que los ciudadanos han transmitido al Ayuntamiento su preocupación por “fenómenos” como las pintadas de grafitis y el botellón.

Álvaro indica que son dos buenos ejemplos del campo de acción de la Ordenanza.

En el primer caso, se fijan multas económicas que se podrán sustituir por trabajos para la comunidad.

En el segundo, el texto prohíbe taxativamente la celebración de botellón con botellas de cristal, en lugares frecuentados por niños y donde haya molestia directa a los vecinos.

Mobiliario, arbolado. Romper una papelera, tronchar un árbol, orinar en la vía pública, tender la ropa o regar las macetas sin prestar atención al posible perjuicio al vecino, son acciones que la Ordenanza penaliza.

Asimismo, por citar otros ejemplos, marca las normas de seguridad y requisitos exigibles a una fiesta privada con repercusión fuera del recinto privado, a un acto público de cualquier índole, a una celebración con algún tipo de impacto, sonoro o visual en la vecindad, e incluso a la instalación de un circo en cuyo programa figuren los números con animales.

Gamberrismo. Frenar el gamberrismo en cualquiera de sus manifestaciones es una de las prioridades de la Ordenanza.

Álvaro remarca que las normas básicas de mutuo respeto y del buen trato de los bienes públicos y los ajenos son inherentes a la sociedad.

Pintar un grafiti en una fachada o no hacer buen uso de un local alquilado al Ayuntamiento, por poner dos casos bien distintos de comportamiento antisocial, tiene que conllevar un cargo.

El Ayuntamiento tiene potestad para aprobar la Ordenanza y aplicar las sanciones que recoja.

En definitiva, se trata de procurarnos una vida mejor, de que nadie se sienta indefenso ante un comportamiento manifiestamente antisocial.

Comentarios