Autoridad, respeto o miedo

Luis Laiglesia

Es un término un tanto ambiguo ese de la autoridad. Alguien debería explicarle al equipo de gobierno otro término más concreto que es el del respeto ganado día adía.

Digo esto por los hechos acaecidos el pasado cuatro de julio, cuando un pequeño problema de convivencia ciudadana terminó con tres personas en la Comisaría de la Policía Nacional y el enojo y la perplejidad de decenas de personas que asistieron a una intervención policial, cuando menos, discutible.

La autoridad está para aplicarla en su justa medida, y en el caso de las fuerzas de seguridad con más motivo, ya que se supone que sus miembros están preparados para gestionar situaciones críticas con la cabeza fría.

Lo que ocurrió en Huesca el pasado cuatro de julio no debe empañar la labor de la Policía Local en la ciudad, pero no debería ahora el equipo de gobierno cerrarse de piernas y defender una actuación que todo aquel que la presenció la califica como desmedida.

Preocupa que la situación fuera agravada, en vez de solucionada por la guardia urbana, pero preocupa más que el informe posterior que redactó la propia Policía Local no se ajustara a la realidad de lo acontecido, como ha dicho un concejal que presenció los hechos. Porque de ese informe se desprendieron sanciones a ciudadanos que, a lo mejor, no las merecían.

Los argumentos del equipo de gobierno son muy pobres. El Alcalde dice que la actuación policial partió de una denuncia ciudadana y el Concejal de Seguridad Ciudadana añade que hubo un juicio con ciudadanos condenados, lo que ratifica que los policías actuaron correctamente.

Nadie ha puesto en tela de juicio que la Policía tuviera que actuar el 4 de julio, pero de manera equilibrada, y sin montar un número que nada contribuye a la buena imagen de un cuerpo que tiene que estar con y no contra el ciudadano.

El Ayuntamiento tiene un problema, y no haría bien si no lo ataja de manera contundente. Se lo estamos diciendo desde los medios, pero también desde otras instancias más duchas en la materia, y las estadísticas lo dejan claro. Si no, pregunten cuantos casos por atentado tiene al mes la Policía Local y cuantos la Policía Nacional. La relación es de veinte a uno.

El respeto se gana, no se impone. Imponerse, en realidad, se impone el miedo, y todos queremos una Policía Local respetada.

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