La independencia de las fincas ante el barril de petróleo

Agustín Mariné

Presidente Asociación General de Productores de Maíz de España-AGPME.

Se ha manifestado ya de manera inequívoca el malestar social creado en España (y casi seguro en otros lugares del mundo) por la subida imparable del precio de los combustibles. Hasta la fecha, todos los vehículos funcionan con derivados del petróleo, gasolinas o gasóleos. Otros combustibles fueron alguna vez utilizados en el pasado, como ciertos aceites, algunas mezclas, o aquellos memorables “gasógenos” que habían llevado hace decenios los taxis de la ciudad. Pero lo cierto es que en este momento el petróleo, y su elevadísimo precio, crea un problema sin fin en las economías de todo el mundo.

El primer intento de corregir este precio desbocado del barril ha sido el desarrollo de “biocombustibles”: El Brasil tiene ya de ellos una larga experiencia, y hace poco, Estados Unidos ha creado en todo el territorio infinidad de factorías para producir grandes cantidades de etanol (a partir de grano de maíz). Pero hay que reconocer que estos intentos no contribuyen demasiado al abaratamiento del barril, porque el biocombustible resulta competitivo “solo” si el petróleo continúa siendo muy caro. No sería posible fabricar bioetanol o bioester si el petróleo bajara otra vez a su precio tradicional.

El problema del petróleo caro lo tiene todo el mundo, pero especialmente afecta a los transportistas, los pescadores y los agricultores. Los transportistas no tienen otra solución que parar sus camiones o aumentar sus tarifas. Es imposible hacer el mismo trabajo que antes pagando el combustible al doble de lo que valía. Los pescadores también lo tienen muy difícil: Será casi imposible repercutir en las lonjas de subasta este repentino encarecimiento de los costos. Pero, fijémonos que el sector agrario sí tiene una solución a su alcance para “independizarse” de las subidas imparables del combustible fósil: Sencillamente, volver a sus orígenes. Es bien conocido que el Dr. Diesel hizo funcionar sus motores iniciales con aceites vegetales, y asunto terminado. Según mis datos, en regadío necesitaríamos más o menos el 8% del territorio cultivado por cada agricultor, para obtener de él todo el combustible que se gasta en la finca: O sea, que con una hectárea podríamos obtener combustible para unas doce. A grandes rasgos, se trataría de cultivar una oleaginosa de invierno (por ejemplo, la colza) que necesita poco riego, para obtener por simple prensado en frío el aceite necesario para la maquinaria de toda la finca. Sería como “salirse del mercado de combustibles”. Tanto si suben como si bajan, soportaríamos el mismo coste fijo, es decir, el de producir las semillas oleaginosas para prensar, y prácticamente nada más. Parece ser que echar al tractor el aceite cultivado en la propia finca estaría exento de IVA, ya que es una operación “interna”, cuyo impuesto devengado podría compensarse con el soportado. Tampoco se pagaría el Impuesto Especial de Hidrocarburos, ya que se trata de un combustible renovable y no fósil. No es del todo seguro si se aplicaría el pequeño Impuesto sobre las Ventas Minoristas de Determinados Hidrocarburos (0,6 céntimos por litro), que más o menos sería de unos 7 euros por hectárea.

Por lo tanto, cultivando una hectárea en ciclo de invierno y pagando, si es el caso, los 7 euros del impuesto, dispondríamos del gasóleo necesario para trabajar unas 12 hectáreas. Pero el cultivo, contando semilla, abono, laboreo, cosechadora y dos riegos, no valdría mucho más de 400 euros por hectárea; los cuales, pueden casi saldarse con los 2.000 kg. de torta alimenticia que se obtiene después del prensado en frío. Es verdad que para la explotación se “pierde” la hectárea, y no se percibe por ella renta alguna; tampoco se pueden contabilizar tal vez los gastos generales. Pero el beneficio de contar con el combustible agrario directamente en casa y sin problemas de ningún tipo por lo que toca a precios y mercados, le da a la agricultura una clara vía de escape a la grave situación actual...que “atrapa” a todo el mundo.

La instalación de la prensa en frío, la tolva de recepción de la semilla oleaginosa, y el sistema de recogida y almacenaje del aceite, es del todo asumible por una finca agrícola media. La modificación en los inyectores está solucionada y no es problema. El arranque del tractor suelen hacerlo mediante un pequeño depósito adicional de gasóleo ordinario, y, a continuación, cambian a consumir aceite.

El sector agrario, de esta manera, podría escapar a la quema general de la moderna civilización que se está auspiciando por el precio tan elevado del combustible.

En cuanto a los fertilizantes, que han subido mucho precisamente porque los obtienen del petróleo, también pueden las fincas organizarse: Se recogen los residuos de las cosechas, y se mezclan con todo el estiércol disponible de la finca o de otras procedencias; y se deja fermentar todo en un foso hermético (tipo silo trinchera). Durante 28 días se obtiene biogás directamente, que puede utilizarse “sin más” como fuente de energía complementaria, y el residuo que luego se recupera es un excelente abono, fácil de expandir y desprovisto del mal olor característico de los fertilizantes orgánicos (purines y otros).

También es posible diseñar rotaciones de cultivo con leguminosas intercaladas (alfalfa, guisante, soja, vezas, etc.) que haga la finca mucho menos dependiente de los abonos nitrogenados. Por otro lado, repetidos ensayos de fertilización razonada han demostrado sin discusión, que numerosas cosechas de las que ahora tenemos en Aragón, producen lo mismo con la mitad de fertilizantes. Entre esta “mitad” que se ahorraría “de oficio”, y buena parte de la otra mitad (que podemos fabricar en el estercolero o en el foso del biogás), la factura de fertilizantes no sería problema para ninguna finca.

El transporte y la pesca dependen del barril; pero el agricultor (y sobre todo el que también es ganadero) no dependen para nada del barril si deciden independizarse de él. Esto es lo correcto y mejor que protestar en el Ministerio.

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