Vítores y aplausos a los danzantes y la banda a su llegada a la plaza de San Lorenzo

La plaza de San Lorenzo es, desde la madrugada, lugar de encuentro de todos aquellos que quieren disfrutar de los bailes de los danzantes. Son momentos distendidos, de espera, de charla, y de aplausos cuando llegan los danzantes y también los miembros de la banda. En este diez de agosto, los más madrugadores eran a las 8 menos cinco de la mañana, la mayoría de los miembros de la banda de música, realmente elegantes con el uniforme que estrenaron el pasado año, con el escudo y la corbata de un bonito verde albahaca. El maestro Sampériz debía, incluso, firmar un autógrafo a un admirador. Ya llegadas las ocho, hacían su aparición los primeros danzantes, Jesús Montorio, Santos Santolaria o Jesús Alastruey.

Y, a partir de ese momento, por diversas calles iban apareciendo en un goteo constante más danzantes, unos en grupo, otros en solitario, algunos acompañados de familiares o amigos, que les llevaban también los palos, con los que luego bailarán.

Pedro Albero, el danzante de las cintas, cumplía hoy 25 años bailando en la agrupación, donde entró en el año 1984. Pero no era la única cifra redonda: cumplían también diez años, pues entraron en 1999, Darío Bajá y Jorge Martín, el repatán, que llevaba el palo de la albahaca coronado con un lazo negro, en señal de luto por el fallecimiento de su abuelo y de un amigo.

El último en llegar este año, a tan sólo 15 minutos de comenzar a bailar, era el Mayoral de la agrupación, Pascual Campo.

Unos y otros debían hacerse paso para avanzar entre la multitud, mientras recibían los aplausos del público. Tras un pequeño rato pasado en la botería de Pedro Lafuente, hacían su aparición en la plaza. Veintisiete dantantes, entre los que bailan, el de las cintas, el repatán y el mayoral. Con las espadas y los instrumentos en la mano, la batuta y el bastón del mayoral en alto, era el momento de empezar a bailar.

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