Cartas al director: “La nieve es una catástrofe”

Cesar Valero

(Tramacastilla de Tena)

En las últimas semanas, desde un medio de comunicación provincial, se ha estado fomentando una campaña para tratar de que la opinión pública altoaragonesa valore el frío y la nieve no sólo como fenómenos normales de nuestro clima, sino también como circunstancias adecuadas y necesarias, en su momento y medida habituales, para la agricultura, la naturaleza, el turismo de esquí… Va por delante mi apoyo a esa campaña, frente a quienes nos animan para que en verano y con treinta grados vayamos a la playa, pero siembran la alarma en cuanto caen dos copos y una helada. “No salgan de casa” o poco menos, dicen éstos.

La realidad es que esa idea falsa y dañina de que la nieve es una catástrofe ha debido calar en algún responsable sin identificar, que a primera hora de la mañana del último sábado de noviembre, dio las órdenes precisas para que ningún vehículo circulara hacia el valle de Tena a partir de Biescas y después desde el paso de Santa Elena, sin portar cadenas, pero… ¡ni siquiera los “todoterrenos 4x4”, ni los turismos equipados con neumáticos especiales para nieve!.

Comenzaba un fin de semana excepcional para las fechas, con los centros de Formigal y Panticosa, así como los comercios y establecimientos hosteleros de la zona ya dispuestos, esperando visitantes. Nevaba levemente con algo de viento. Sin excesos. Un tiempo adecuado al mes, que no impedía ninguna actividad.

Como dato añadido y negativo, sólo una máquina quitanieves de las cuatro esperadas, se encontraba limpiando la ligera capa acumulada en el asfalto. La segunda máquina permanecía averiada y otras dos se habían desplazado a puntos fuera del valle.

Todos debemos ya saber que las cadenas son, casi todo el año, una herramienta imprescindible para desplazarnos con vehículo propio al Pirineo, en un utilitario o un turismo normal, aunque sea grande y potente. Es lógico que se les impusiera esa obligación, a fin de evitar problemas o bloqueos de la calzada a pocos kilómetros, teniendo en cuenta las lamentables carencias ese día, en los sistemas de vialidad invernal.

Ahora bien, extender la prohibición a todos los vehículos significó generar un atasco que alteró la jornada a muchos, cegó el cruce de carreteras y perjudicó gravemente los ansiados ingresos en los negocios turísticos de esta zona. Es conocido que cada vez más familias optan por los “todoterrenos” y “todocaminos”, y su tránsito -perfectamente posible- hubiera paliado el conflicto creado. No pudo ser, salvo apresurada adquisición de unas cadenas o hasta varias horas más tarde.

Escribo en un tono mesurado pero este respeto a las formas no implica renunciar a mi indignación. No quiero ni pensar que alguien tiene interés en poner obstáculos injustificados a un sector económico y social decisivo en estos pueblos. En suma, ni cabe recuperar el decimonónico grito de “¡vivan las cadenas!”, ni la nieve puede seguir percibiéndose como una catástrofe, menos aún por parte de quien sea que tenga la responsabilidad de actuar según las condiciones reales y según el respeto que exige y merece el sustento de muchas empresas y ciudadanos del valle de Tena.

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