Cartas al director: Poceros

Almudena de la Rosa Piñero

Cada pueblo merece la historia y los gobernantes que tiene. Lo sucedido con la reciente apertura de un expediente disciplinario a Jacobo Morlán ilustra la historia de nuestra pequeña ciudad y de nuestros eximios gobernantes, pues el hecho bien podría calificarse de esperpento, o mejor aún, de ruindad. Gracias a Dios, lejos quedan los tiempos de los fusiles al alba, aunque simbólicamente, lo que habéis hecho con Jacobo Morlán es lo mismo, una muerte figurada. Menos mal que a veces los tiros salen por la culata.

Esa nueva especie, la clase política de mi querida tierra natal, que no considerando suficientemente vejatorio colocar el péndulo de la sospecha sobre cabeza ajena, se permite el lujo de añadir “No se debe entrar a prejuzgar los hechos para garantizar la protección de los datos del citado funcionario” Qué cinismo más insultante… ¿Garantizar la protección de qué? ¿de su nombre, sus apellidos o, quizás, su carnet de identidad? No, desde luego, de su dignidad ni su reputación ni su entrega profesional…

Los que han lanzado la piedra y ahora esconden la mano –que son muchos, no sólo los políticos- se atreven a todo porque todo lo ignoran, porque le han cogido el tranquillo a la impunidad, porque la cobardía es nuestra actual insignia como ciudadanos, en la que nada exigimos a nuestros políticos porque nada nos exigimos a nosotros mismos.

Qué lejos queda el honor y la honradez cuando los intereses pasan por medrar sin ningún escrúpulo. La estupidez, la cobardía y el analfabetismo funcional parecen no estar reñidos con la astucia y la disposición natural al ascenso meteórico de ese espécimen humano mediocre pero con poder, explosiva combinación que, por desgracia, tanto abunda en nuestros tiempos. Qué fácil resulta sembrar la duda y qué desalentadora es la cosecha. “Algo habrá hecho…” apostillan, tras las falsas condolencias.

La gestión del Parque de Bomberos de Huesca ha supuesto hasta ahora una dedicación de toda una vida, veinticuatro horas al día, durante trescientos sesenta y cinco días al año. Y la contraprestación a cambio de una entrega absoluta ha sido nada menos que el exilio.

Como ciudadana, te doy las gracias Jacobo por esos trescientos sesenta y cinco días.

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