“Huellas y voces”, nueva exposición en el Centro sobre la Guerra Civil de Robres

El Centro de Interpretación, Documentación y Estudios de la Guerra Civil ubicado en Robres alberga una nueva exposición fotográfica titulada “Huellas y voces”, cuyo autor Pedro Pérez Esteban compartió el acto inaugural con la presentación del libro “Morir al raso”, del escritor y profesor José Giménez Corbatón. En el concurrido acto estuvieron presentes, además de los autores, el presidente de la Comarca de Los Monegros, Manuel Conte, el alcalde de Robres, Antonio Luna, el consejero comarcal de Educación y Cultura, Jesús Brau, y el coordinador del Centro, Víctor Pardo. La exposición permanecerá abierta hasta el 19 de abril.

Tanto el libro de relatos y fotografías, como la exposición fotográfica Huellas y voces de la guerra se enmarcan en el programa “Amarga Memoria” que promueve la Consejería de Educación y Cultura del Gobierno de Aragón, en el ámbito de dicho proyecto de recuperación de la historia reciente de Aragón. Conte señaló en su intervención que esta doble presentación supone el inicio de una nueva etapa en el Centro, que se gestiona desde el Instituto de Estudios e Investigación de la Guerra Civil, cuya actividad se verá potenciada en sucesivas fechas con exposiciones y otros actos que girarán en torno a la temática en la que está especializado.

Morir al raso es un volumen en el que han colaborado el escritor José Giménez Corbatón (Zaragoza, 1952) y el fotógrafo Pedro Pérez Esteban (Teruel, 1961), autores ambos, que ya han trabajado en idénticos proyectos anteriores alumbrando títulos como Cambriles (2006) o Masada. Signos (2207), igualmente publicados con el sello editorial “Amarga Memoria”, dado que se trata de trabajos literarios y gráficos relacionados con la Guerra Civil.

El volumen se compone de doce relatos cortos y medio centenar de fotografías a través de los cuales Giménez Corbatón ofrece una muy personal y evocadora visión de las circunstancias trágicas que rodeaban la vida de los soldados en el frente, el drama de las mujeres en las retaguardias o los sentimientos a flor de piel sujetos a los rigores de una larga contienda. Los escenarios pintados por el escritor en este libro de vocación coral, son fácilmente identificables con paisajes y lugares de la geografía aragonesa. El autor, por otra parte, es un gran conocedor de la bibliografía en torno a la contienda, de manera que la documentación y ambientación de su trabajo, obedecen a un profundo conocimiento de las historias ocurridas en el frente de Aragón.

Como señalaron ambos autores, la colaboración mutua es “fructífera y enriquecedora y esperamos que provechosa para los lectores y los amantes de la naturaleza”. Morir al raso es un libro que narra experiencias personales. Miradas del escritor y el fotógrafo a distintos elementos del paisaje aragonés, en este caso, los restos de la Guerra Civil, pero también voces, diálogo que establece cada uno con el objeto visto, búnkeres, casamatas, trincheras, posiciones en el frente, el que establecen entre ellos mismos y el que mantienen con el lector o con el espectador para contarle lo que esa materia aparentemente inerte le ha transmitido.

Respecto al texto, está escrito en primera persona, con un estilo directo y con un profundo conocimiento del género, las circunstancias, los pensamientos, las frustraciones y los miedos de los que vivieron la Guerra Civil en el frente o en la retaguardia. Según explicó el autor, “en el libro encontramos relatos desde los dos bandos, incluso desde el bando de los que se equivocaron de bando. Encontramos historias de “pacos” (francotiradores), hay fusilamientos, fotos de novias y de madres, humo de tabaco liado y el olor de las trincheras que es una constante en las memorias de los soldados. Hay partes de guerra y cartas de soldados, incluso de soldados descomprometidos, de quintos conscientes de que igual hubieran luchado en un bando que en otro”.

Por su parte, el fotógrafo Pedro Pérez Esteban, ha intervenido en la parte gráfica del inventario aragonés de vestigios de la contienda civil, de manera que conoce los restos de trincheras, posiciones, búnkeres, refugios, casamatas y cualesquiera otros elementos del patrimonio relacionado con la Guerra Civil. Pedro Pérez ha seleccionado medio centenar de lugares en los que ha retratado los elementos bélicos para componer una exposición organizada en torno a cuatro ejes temáticos: cielo, tierra, interior y trazos (objetos, grafitos, huellas…).

Como explicó Pardo en la presentación, el fotógrafo “ha sabido captar el interior de una trinchera o en la oscuridad de un refugio, los ecos de la guerra, el fragor del combate o el aliento del miedo. En esta exposición no está presente el profesional del catálogo, sino el paisajista, el artista que con mirada casi poética se acerca a dialogar con los materiales”. Este acercamiento va de lo general, el cielo, a lo particular, los trazos, los elementos mínimos, pasando por la tierra y los interiores.

El fotógrafo capta en las imágenes el temblor que produce el rugido de la aviación y el estremecimiento de las bomba, pero también otea el horizonte desde la soledad de una garita. Pedro Pérez cuenta con una larga trayectoria profesional y eso está bien presente en la traslación al papel fotográfico de conceptos tan abstractos como la memoria, pero tan concretos como una aspillera por la que disparar o un grafito pintado en 1936 en una pared que todavía nos habla en 2009.

La muestra fotográfica, que se complementa con textos de Giménez Corbatón, permanecerá abierta en el Centro de Interpretación, Documentación y Estudios de la Guerra de Robres hasta el 19 de abril.

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