Manifiesto del 8 DE MARZO: Día Internacional de las Mujeres

CON EL LEMA JUNTAS CONTRA LA CRISIS; QUE NO LA PAGUEMOS NOSOTRAS

Coordinadora de Mujeres 8 de Marzo

Este año estamos en crisis. Una crisis económica que afecta al conjunto de trabajadores y trabajadoras que desarrollan su trabajo en España, pero también a quienes lo hacen en Europa y prácticamente en la mayoría de los países del mundo. Es una crisis global, una crisis internacional, porque lo que ha fracasado estrepitosamente es el modelo de crecimiento desequilibrado del capitalismo feroz y salvaje que nos ha venido dominando estas últimas décadas. Un capitalismo que ha enriquecido hasta lo indecible a unas cuantos bolsillos que se han servido de la especulación y la globalización para multiplicar astronómicamente sus beneficios, mientras en el mundo del trabajo las condiciones cada vez se hacían más duras y penosas para el conjunto de los trabajadores y trabajadoras, generando una inmensa pirámide de desigualdades entre los países más desarrollados y los más empobrecidos, entre los trabajadores nacionales y los migrantes entre hombres y mujeres.

Nosotras, como todos los 8 de marzo, celebramos la lucha de las mujeres por la igualdad . Queremos hablar de las mujeres y, en esta ocasión, de cómo puede afectar esta crisis a las mujeres.

En España, en contra de lo que parecen sugerir algunos titulares de prensa, la tasa de paro femenina sigue siendo mayor que la masculina. Además, las mujeres siguen siendo amplia mayoría en las categorías más precarias, tanto en empleo (temporalidad, tiempo parcial, subempleo), como de desempleo (larga duración, sin empleo anterior, sin prestación de desempleo). Sus ingresos y sus pensiones son mucho menores y en muchos casos inexistentes, a pesar de que su jornada es mayor. En toda la Unión Europea, las mujeres ganan por término medio un 17,4% menos que los hombres, por lo que sigue sin cumplirse el mandato de “salario igual por trabajo igual”.

En definitiva, las tasas de pobreza de las mujeres es mucho mayor y su situación es dramática pues, a medida que la crisis se generaliza a todos los sectores, son las personas peor situadas las más afectadas.

Pobreza, pobreza extrema, pobreza alimentaria, pero claramente feminización de la pobreza. Por la falta de equidad, por el desigual trato en el mundo laboral, por la falta de responsabilidad en el reparto del cuidado, por falta de recursos e infraestructuras públicas sólidas que hubieran servido para amortiguar el efecto de esta crisis, que resulta que no es tan nueva y menos para las mujeres. Lo que ahora ocurre es que se escribe con mayúsculas porque nos afecta a todos, con o, incluso a los que se encontraban en las partes superiores de la pirámide. Y es ahora cuando los que dirigen no saben qué hacer ni por dónde seguir para que su sistema desigual, injusto, depredador e insostenible, salga a flote.

Es ahora el momento de unirse, de hacer frente a la crisis, juntas, pensando, reclamando una salida digna a este descalabro, ofreciendo alternativas: no todas valen, no todas son buenas para todas las personas, no todas son válidas a largo plazo.

Es curioso observar cómo a medida que la crisis evoluciona y se muestra con mayor descaro, los medios de comunicación siguen insistiendo en reflejar un modelo de sociedad en el que ante la preeminencia de los hombres se vuelve a relegar la situación de las mujeres a la categoría de ‘daño colateral’, ya que consideran que lo que realmente importa solucionar es el crecimiento del paro masculino.

De toda catarsis surge la necesidad de redefinir las ‘reglas del juego’, pero no nos engañemos, todavía son escasas las voces que apuestan por una regeneración del sistema social y económico. Parece que la mayor preocupación es cuándo vamos a salir de ésta y no cómo será el escenario que seamos capaces de creardespués. Y ésta segunda opción es lo realmente importante, porque hay que repensar todo el sistema.

No hay motivos para volver a ‘más de lo mismo’; sí hay, en cambio, muchas razones para crear otro modelo de sociedad, otro modelo en el que la igualdad de género sea una de las estrategias del desarrollo, humano y económicamente, sostenible.

Pero, ¿qué es lo que hace falta? Lo primero, que la actuación política apueste por esto en lugar de despilfarrar los fondos públicos poniendo parches en los sectores productivos de mano de obra no cualificada y fuertemente masculinizados. España necesita salir de una vez por todas del modelo de ‘levantamiento de ladrillo’, necesita cambiar hacia un modelo de producción de conocimiento y formación y necesita fomentar los servicios públicos, dirigidos a dar respuesta a las crecientes necesidades sociales de cuidados. Lo segundo, aprovechar mejor los recursos humanos disponibles, de modo que la situación actual del desempleo femenino se equilibre con el masculino, (la femenina alcanza ya el 15,14% y sigue siendo superior al masculino con el 12,96). Claro que, antes será necesario darle un buen giro a la política de economía nacional eliminando los desincentivos al empleo femenino, orientando la inversión productiva hacia el gasto en I+D (apenas representa actualmente un 1,27% del Producto Interior Bruto) y orientando las políticas de gasto hacia la igualdad de género.

Las mujeres somos necesarias, hoy más que nunca, como trabajadoras y como ciudadanas. A diferencia de otras crisis en las que también se presionó a las mujeres para retirarse del mercado de trabajo, hoy estamos preparadas para resistir. Hemos adquirido derechos civiles y un alto grado de formación, y no podemos renunciar a ello.

Hemos demostrado nuestra competencia para desempeñar todo tipo de profesiones, para dirigir bancos y países, para participar en todos los deportes y actividades. Muchas familias dependen de los salarios femeninos y, además, las mujeres desempleadas tienen mayor nivel educativo y formativo que los hombres desempleados. Por otro lado, los hombres son hoy más necesarios que nunca para arrimar el hombro en las tareas de cuidado. Es el momento de dejar atrás el modelo de familia de hombre=sustentador y mujer=cuidadora.

Hoy somos más necesarias que nunca para sacar adelante un nuevo modelo socioeconómico, para que se escuchen nuestras voces, para que se nos tenga en cuenta a la hora de repensar el modelo de sociedad y de familia que queremos, para hacer frente a esta crisis y para luchar contra quienes la generaron y por contra no quieren pagarla.

Nosotras no vamos, hoy, a parar de denunciar las situaciones de discriminación y desigualdad por razón de género o por otros motivos , no vamos a parar de defender el derecho a la autonomía y la libertad de las mujeres. Nosotras pedimos, hoy, una regulación del aborto que permita el acceso a la prestación en los servicios públicos que incorporen la perspectiva de género, para no reproducir el orden generador de desigualdades, y que se respete la decisión de las mujeres para acceder a una maternidad no impuesta.

Nosotras exigimos, hoy, unos servicios públicos de calidad en educación, sanidad, vivienda y servicios sociales. Nosotras exigimos, hoy, una atención a la dependencia que no condene a las mujeres a seguir encargándose de las tareas de cuidado. Nosotras exigimos, hoy, una regulación del régimen de empleadas de hogar que no condene a las trabajadoras domésticas a ser trabajadoras de segunda.....

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