Cartas al director : Salir en el mapa (de titulaciones)

Juan Rodríguez Bielsa

Pedro Bosque Riba

José Manuel Ubé González

El Campus de Huesca es el principal perdedor en el diseño del mapa de titulaciones de la Universidad de Zaragoza. A falta de su debate en el Consejo Social y su necesario visto bueno por el Gobierno de Aragón, la propuesta actual no atiende las necesidades del campus oscense, que parecen haber pesado poco a la hora de elaborar el documento. Compartimos la necesidad de reorganización y reestructuración de las enseñanzas universitarias en Aragón, y de que los recursos públicos se utilicen con la mayor racionalidad, pero, estamos convencidos, eso no implica que la enseñanza superior deba concentrarse cada vez más en la capital de Aragón.

El trato que reciben las dos titulaciones con más estudiantes del Campus –Maestro en Educación Infantil, que se implanta también en Zaragoza, y Empresariales que, de entrada, desaparece en 2010-, ambas sin ninguna compensación de calibre equivalente, da una idea de que el planteamiento no ha sido apoyarse en las fortalezas del campus oscense, y reforzarlas. Incluso puede parecer lo contrario.

La implantación de Turismo, en lugar de Gestión Turística, ha sido el único cambio introducido sobre la propuesta inicial del Consejo de Dirección de la institución universitaria. Y ello a pesar de la unidad que el debate ha generado entre instituciones, partidos y universitarios oscenses. Una unidad que es de lo poco positivo que ha aportado para Huesca este proceso y que habrá que preservar para atenuar los efectos de las decisiones tomadas.

En resumen lo acordado actualmente, además de esa implantación de Turismo, supone la desaparición de seis titulaciones: dos por el propio diseño de la convergencia europea -Ingeniero Técnico Agrícola, fusionado con Ingeniero Agrónomo, y una de las especialidades de maestro- y cuatro por decisión política -Ingeniero Técnico Químico, Relaciones Laborales, Humanidades y Empresariales-. En el futuro podrían llegar a implantarse Podología y Administración y Dirección de Empresas si se cumplen determinadas condiciones.

Lo positivo.

Entre lo positivo del documento está que la Escuela Politécnica Superior, aún perdiendo dos enseñanzas, asume disciplinas en exclusiva, como son las agrícolas y medioambientales, sin competencia dentro de la Universidad de Zaragoza. Ese es el modelo ideal que querríamos para todos los centros: un camino propio en el que trabajar. Sin embargo no ignoramos que esa exclusividad es parcial, reducida a lo docente -los institutos de investigación relacionados con el medio ambiente irán a Zaragoza-; y que ha sido posible, probablemente, porque las enseñanzas del ámbito agrícola, duplicadas con las de la escuela oscense, no estaban en la capital. Quizá como consecuencia, este centro mantenga una vitalidad similar a la actual.

Las titulaciones vinculadas a la salud y el deporte no desaparecen. También es positivo. Mantienen su presencia en el campus situando al centro que las acoge como su principal soporte. E incluso podrían aumentar si se crea Podología. La sorpresa es que la Universidad haya anunciado una nueva enseñanza sin tener un compromiso con la DGA para obtener los recursos que necesita para su puesta en marcha. Haciéndolo además en tiempo de crisis -que sirve para justificar casi todo-, y en una facultad que necesita, ya ahora, inversiones importantes para un nuevo edificio. No queremos pensar que Podología pueda pasar a la historia como la cortina de humo que sirvió para maquillar la reconversión universitaria oscense

Lo negativo

Entre lo negativo está que dos centros del campus quedan muy debilitados. En Empresariales la columna vertebral del centro, la Diplomatura de Empresariales, no tiene su continuidad asegurada como Administración y Dirección de Empresas, como se había anunciado. Sorprende esta decisión cuando la alta demanda de enseñanza en el ámbito de la empresa sirve para justificar la implantación en Zaragoza de dos titulaciones nuevas -Finanzas y Marketing- y que Relaciones Laborales se reconvierta en Teruel en Dirección y Creación de Empresas. Con una adecuada gestión de la demanda la vitalidad de ADE en Huesca parecía asegurada. Sin embargo la Universidad tan sólo ha dejado una puerta abierta para revisar esta situación: a partir de 2011, cuando ya sus equivalentes en Zaragoza estén en marcha, y con la condición del éxito (sin precisar) de otra titulación: Turismo. Esta enseñanza -compartida con la escuela adscrita de Zaragoza en que ya existía- y Gestión y Administración Pública serán los dos pies de un centro que parece condenado a perder estudiantes de forma importante.

Un caso parecido es el de Ciencias Humanas y de la Educación, que reduce sus titulaciones de cuatro a dos; y añade a la incertidumbre que provocan los reajustes en la nueva estructura de grados en Maestro, el que ya no tendrá ninguna enseñanza en exclusiva frente a los campus de la capital. Maestro en Educación infantil, que podía haber seguido siendo uno de los puntales del campus -a falta de ideas más imaginativas- quedará muy debilitada tras la negativa a establecer expresamente en el documento una limitación estricta de plazas en la capital. El centro del Campus con más estudiantes, casi con toda seguridad, va a dejar de serlo. Sin contar con el daño moral para el ámbito de la cultura que provoca la perdida de Humanidades.

Nos encaminamos, si no se toman medidas correctoras, a un campus con menos estudiantes y, probablemente, con menos vitalidad. Y consecuentemente con menos profesores y personal, y quizá, a medio plazo, con menos centros. El descenso no se percibirá de inmediato, pues aún hay titulaciones, fruto de la gestión de equipos anteriores, que no han completado la implantación de todos sus cursos; y las seis que desaparecen lo irán haciendo año a año, curso a curso. Pero, si todo sigue así, parece inevitable porque la filosofía de fondo de esta reordenación cuestiona de raíz la descentralización –sin sensibilidad para la redistribución territorial- sobreprotegiendo la demanda de la capital, y teniendo poco en cuenta que el 40% de los aragoneses no viven en su entorno.

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