Cartas al Director: 2001. La “solución” aniquiladora

Junta Directiva de la Asociación de Propietarios del Polígono 14 de Huesca

Esta 3ª carta se centra en la Modificación Aislada del PGOU que aprueba el Ayuntamiento de Huesca, para nuestro Polígono 14, en octubre de 2001.

Después de 20 años denegando licencias, y sin consultar a los vecinos, el Ayuntamiento aprueba por sorpresa la desaparición de cuanto existía en la zona (excepción hecha de algún edificio aislado). Ha costado dos décadas constatar el problema y en un minuto se resolvía con ingenio: teníamos que desaparecer, se nos borraba del plano –nuestras viviendas, nuestros talleres…, en fin, nuestra vida-.

Esta “ilustrada” solución (no por sus mentores, claro está, sino por su método –las gentes no importábamos nada-) partía de un relato amañado y se basaba en una premisa falsa: la conformidad de los afectados; los grupos políticos de la oposición, que también votaron la Modificación, reconocieron haber sido engañados por el concejal impulsor de la misma. Luego vino la intoxicación y la mentira para intentar vender el fracaso: que si éramos gentes acomodadas, minoría de la propiedad…, todo menos reconocer que era una ordenación hecha para los promotores y de espaldas a los propietarios de la zona, que tan sólo aspirábamos a continuar y mejorar nuestras vidas.

Se nos trataba como un conglomerado espontáneo y anárquico, siendo que los edificios están construidos con sus correspondientes licencias y conforme al Plan de Urbanismo precedente; se nos calificaba como una zona completamente degradada, cuando el coste de la urbanización había sido sufragado por los vecinos mediante contribuciones especiales y se mantenía en estado razonable, a pesar de la negativa municipal para cualquier iniciativa urbanística; en fin, se quebraba para nosotros la seguridad jurídica cuando de repente pasábamos a ser propietarios de la nada.

La Modificación, que no compensaba los daños causados en los veinte años anteriores, resolvía finalmente aniquilar lo existente. Y como gran argumento para su justificación la “necesidad de ofertar… al mercado inmobiliario”. Estábamos otra vez ante ese decimonónico urbanismo de la violencia: sacar por la fuerza a las gentes de sus casas para mayor fama del proyectista, gloria del gobernante y negocio de unos pocos.

La respuesta que dimos a esa utopía megalómana –se proyectaba un bulevar de 50 metros sobre nuestras ruinas- provocó su retirada a los doce meses. Sin embargo, sus coletazos alcanzan la ficha del Plan actual, donde las cifras técnicas van a por nosotros.

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