Bye Bye Michael

Luis Laiglesia

Es muy posible que esta noche haya muerto el último mito de la historia. El fallecimiento de Michael Jackson nos ha cogido a todos a contrapié, como nos cogió la muerte de Marilyn o la de Elvis. Hoy es un día triste para el mundo del espectáculo porque ha perdido a uno de sus más importantes valores. Con él desaparece una forma de entender el Show Business.

Durante las últimas horas se han oído voces muy poco autorizadas, lanzando opiniones atrevidas y simples sobre este genio que, como tal, tuvo una vida distinta a la del resto de los mortales. Porque también las circunstancias le llevaron a ello. No esperaría nadie que tuviera una vida familiar convencional.

Jackson no tuvo infancia, además de un padre más preocupado por el éxito que por la educación de sus hijos. La presión de los medios de comunicación fue enorme y su autoexigencia llegó a límites insospechados.

Recuerdo cuando una vez, hablando con Julián Ruiz, quien tuvo el privilegio de conocer a Jackson, contaba las innumerables veces que había grabado una determinada canción, hasta que consideró que estaba correcta.

Una de las cosas que más me duele hoy también es la imagen que hemos tenido en España de Michael Jackson. Nos hemos quedado con las anécdotas y excentricidades sin saber apreciar la calidad de sus trabajos, porque en este país sigue habiendo mucho prejuicio musical y críticos con dudosos criterios: unos preocupados por no perder ese halo de postmodernidad snob, y otros por seguir decidiendo qué triunfa y qué no en la piel de toro.

Uno, que no pretende pertenecer a ninguno de los dos clubes, les aconseja que cuando tengan media horita escuchen, sin prejuicios y con la mente abierta el disco Thriller, de 1982. Hace 27 años que fue grabado y hoy sigue teniendo vigencia como las piezas de arte intemporales nacidas de un genio, en un momento irrepetible.

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