Emotivo recibimiento a la congregación del "Verbo Encarnado" que atenderá el Monasterio de El Pueyo

El obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, Alfonso Milián, acompañado por el provincial de Italia del “Verbo Encarnado”, Fernando Vichi, ha presidido la eucaristía que se ha celebrado en el Monasterio de El Pueyo para rendir homenaje a los Misioneros Claretianos, que por decisión propia dejan la gestión del Monasterio después de 47 años, y dar la bienvenida a la congregación de “Verbo Encarnado” que a partir de ahora gestionarán el Santuario. Han asistido también a la Santa Misa, el alcalde de Barbastro, Antonio Cosculluela, alcaldes de la Comarca de Somontano, y más de quinientas personas.

El obispo de Barbastro-Monzón, Alfonso Milián, ha destacado que se ha tratado de una jornada muy importante, al mismo tiempo que ha agradecido el servicio prestado por los Misioneros Claretianos y ha dado las gracias a los miembros del “Verbo Encarnado” por atender la petición de la diócesis de Barbastro-Monzón.

El Instituto del Verbo Encarnado es una congregación religiosa de derecho diocesano, fundada en Argentina el 25 de marzo de 1984 por el R. P. Carlos Miguel Buela. Actualmente, su Curia Generalicia radica en la diócesis de Velletri- Segni (Italia), de cuyo obispo recibieron la erección canónica en 2004. El provincial del “Verbo Encarnado”, Fernando Vichi, ha explicado que la jornada ha supuesto un “momento de gran emoción por lo que significa El Pueyo de Barbastro”. Vichi ha señalado que se trata de un lugar de “devoción a la Virgen”.

El alcalde de Barbastro, Antonio Cosculluela, ha indicado que se notará la ausencia de los Misioneros Claretianos pero es muy importante la incorporación de una nueva congregación que seguirá atendiendo el Monasterio de El Pueyo.

El misionero claretiano, Juan Sanz, ha señalado que después de veintisiete años en el Monasterio sentía tristeza pero era consciente que algún día terminaría su etapa en el Santuario de El Pueyo.

El Instituto del Verbo Encarnado es una de las congregaciones más pujantes de la Iglesia. Da muestra de las bendiciones divinas con las que son agasajados el hecho de encontrarse ya repartidos por 30 países del mundo. También han sido en numerosas ocasiones objeto de la mirada paternal de los Romanos Pontífices (Juan Pablo II les confió como missio sui iuris el territorio de Tayikistán) y de los Pastores de la Iglesia que los acogen en sus diócesis. En diciembre de 2006 eran 315 profesos perpetuos (289 sacerdotes), 177 seminaristas mayores y 59 novicios, repartidos en 7 provincias eclesiásticas, 2 viceprovincias y 4 delegaciones. En España están presentes en la isla de Tenerife y en Manresa, diócesis de Vic (Cataluña).

El misterio entorno al cual gira espiritualidad del Instituto del Verbo Encarnado es la Encarnación del Hijo de Dios. De este acontecimiento histórico, por el que Dios se automanifiesta al hombre haciéndose hombre, surge su misión en la Iglesia: inculturar el Evangelio, prolongando la Encarnación en todo hombre y en todas las manifestaciones del hombre. La congregación es clerical aunque también acoge en su seno hermanos religiosos no sacerdotes. Junto a los religiosos apostólicos surgen los religiosos contemplativos en 1988, con la misión específica de dedicación al culto divino y la oración constante, el trabajo y el apostolado de la presencia. Actualmente tienen cinco monasterios contemplativos.

El fin propio del Instituto es la inculturación del Evangelio por el que se busca la gloria del Dios Altísimo y la salvación de las almas. Bajo la acción del Espíritu Santo se afanan en la edificación de la Iglesia y la salvación del mundo a través de eficaces y numerosos medios de apostolado con el fin de evangelizar la cultura actual, tan alejada de Dios Nuestro Padre. Se proponen por lo tanto reparar la descristianización de la cultura. Entre sus formas de apostolado destacan la predicación de la Palabra, el estudio y la enseñanza de la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio eclesiástico, las misiones populares, los ejercicios espirituales ignacianos, la formación cristiana de los más jóvenes y el ejercicio de la caridad en diversas obras de misericordia.

Característica peculiar del joven Instituto es su voto de esclavitud mariana. Junto a los tradicionales consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, los religiosos se consagran a María, modelo, forma y guía de sus afanes apostólicos y sobre todo Madre Admirable y ejemplo de docilidad al Espíritu Santo. También destacan en estos tiempos donde la desobediencia está a la orden del día, por su fidelidad al Sucesor de Pedro al que veneran y aman: donde está Pedro, allí está la Iglesia.

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