OSTA prevé que las cifras de paro a final de año serán "para echarse a llorar"

1560 trabajadores de Aragón han pasado a engrosar las filas del paro en agosto, según OSTA, a pesar de que en los meses de verano tradicionalmente baja el desempleo. En un comunicado emitido por el sindicato, afirman que "este dato nos hace pensar que este otoño va a ser de caída libre, por lo que nuestra Comunidad puede llegar a una cifra de parados que roce las seis cifras a final de año, puesto que son ya 80.730; un 74,80% más que hace un año, un porcentaje para echarse a llorar".

OSTA ya avisaba de que el pequeño descenso de los tres meses anteriores era coyuntural, y que la ejecución del Plan E estaba "tapando una realidad que se antoja insistente. En casi todo el Estado ha subido el desempleo (84.985 personas más, en total), ya que la situación laboral está muy deteriorada, dada la poca rapidez del Gobierno a la hora de dar soluciones y de lo infructuoso e improvisado de sus intentos por paliar la situación. España sigue así a la cabeza de la Unión Europea en número de desempleados, con una sonrojante tasa cercana al 20%, justo el doble que la tasa de la zona euro".

Para OSTA, la falta de liderazgo que se sufre en Aragón es nefasta para intentar despegar; no se toman decisiones que combatan la destrucción de empleo ni se busca la financiación necesaria para establecer bases sólidas de cara al futuro. La sumisión del ejecutivo aragonés respecto a Madrid es penosa, como demuestra su actitud ante la decisión de cobrar el Gobierno Central a nuestra Comunidad 180 millones de euros de manera inmediata, cuando su deuda histórica con Aragón es de 700.

Para OSTA, desarrollar las capacidades que nuestro Estatuto de Autonomía otorga para realizar proyectos ilusionantes que puedan generar empleo (como la reapertura del Canfranc, obras del Pacto del Agua o las del Cantábrico-Mediterráneo) podría ser una solución que a la vez paliara nuestras carencias en infraestructuras. Lamentablemente, para OSTA, el Gobierno de Aragón es un ejemplo de incapacidad para proponer un plan estratégico de futuro; como nulo ejecutor, duda de su validez para gestionar esta crisis.

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