"Al Qaeda no busca tanto combatir la presencia militar extranjera como recuperar el poder en Afganistán"

El investigador del Real Instituto Elcano, Fernando Reinares,

piensa que el renacimiento talibán en Afganistán permitiría a Al Qaeda recuperar su santuario desde el que perpetrar atentados en todo el mundo. La lucha por el control de la energía centro-asiática entre las diferentes potencias mundiales, el problema del cultivo del opio y la presencia de Al Qaeda en la zona y sus implicaciones en la seguridad central han sido los temas que han centrado los debates y reflexiones de la segunda jornada del XVII Curso Internacional de Defensa de Jaca.

El director del Programa sobre Terrorismo Global del Real Instituto Elcano, Fernando Reinares, ha explorado el fenómeno del terrorismo internacional en Afganistán en su doble dimensión de terrorismo talibán y de Al Qaeda, y que se concreta en una actividad insurgente que los talibanes vienen desarrollando desde 2002, “pero que se incrementó notablemente desde 2005 y que en la actualidad registra más de 150 atentados suicidas al año”.

Y es que para el catedrático Fernando Reinares, “hablar del terrorismo en Afganistán es hablar también de Al Qaeda, no sólo por los vínculos históricos que desde los 90 mantienen con los talibanes, sino porque Al Qaeda, aunque no se implique operativamente en la ejecución de atentados, sí que interviene coordinando actividades de los talibanes, facilitando sus campañas de propaganda y haciendo posible que incorporen nuevas prácticas en su repertorio de insurgencia, en particular, en el desarrollo del terrorismo suicida”.

Esta realidad le ha llevado a asegurar a Reinares que “es fundamental que los talibanes y Al Qaeda no se salgan con la suya”. Y en este sentido, ha apuntado que “es muy importante recordar en este momento que más del 80% de las víctimas que ocasiona el terrorismo talibán son afganos y que más del 55% son civiles”. Por lo tanto, a su juicio, los talibanes, con la ayuda de Al Qaeda, “no están tanto inmersos en un combate contra la presencia de Fuerzas Armadas extranjeras en el país, como en un programa de posición del control social, de dominio sobre la población afgana encaminado a la recuperación del poder”.

Por lo tanto, el investigador del Real Instituto Elcano ha asegurado que “es urgente revertir esa situación replanteándose cualitativa y cuantitativamente el despliegue de las fuerzas de la Coalición Internacional en la región”. Un despliegue, por otra parte, que el profesor Reinares cree que “debe ir acompañado de una serie de iniciativas que hasta ahora no se han cumplido de desarrollo económico y social”. Eso sí, ha matizado, “en nuestro interés propio como occidentales para que no vuelvan a ocurrir atentados como el del 11 S, y también para que los afganos no se vean sometidos a un régimen totalitario como el que pretenden imponer los talibanes, especialmente, sobre las mujeres y los niños”.

Fernando Reinares también ha destacado en el XVII Curso Internacional de Defensa que “además de la dimensión interna de Al Qaeda en Afganistán, también hay una externa”. Así como es improbable que los talibanes afganos se impliquen en actividades terroristas fuera del sur de Asia, ha asegurado que “todo sería muy diferente en el caso de Al Qaeda y un eventual éxito de los talibanes en Afganistán, ya que supondría que Al Qaeda recuperaría un santuario como el que tuvo en el pasado”. A su juicio, esto es importante para el mundo occidental porque “significaría infraestructura y posibilidades para desencadenar actividades terroristas como las del 11 S y sería vista como una colosal victoria susceptible de movilizar a contingentes importantes de individuos radicalizados que, además del fanatismo religioso que les es propio, se verían motivados por la idea de que la violencia es útil para alcanzar sus objetivos”.

Por otra parte, el investigador de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres, Alberto Priego, ha centrado su intervención en el negocio del opio en Afganistán. Ha explicado que el objetivo de reducir la inestabilidad en la zona está muy relacionado con la disminución del cultivo y tráfico de droga, ya que este tipo de cultivos “siempre buscan la inestabilidad”. Por lo tanto, prosigue, “mientras Afganistán no sea un país más estable no se conseguirá erradicar el cultivo de opio, ni disminuirá el tráfico de droga, el crimen organizado y el terrorismo, ya que la mayoría de los grupos terroristas e insurgentes que actúan en la zona se financian a través del tráfico de drogas”.

Priego ha ofrecido algunos datos como el que apunta a que el 53% del PIB de Afganistán depende directa o indirectamente del cultivo de opio, “un negocio que básicamente controlan los talibanes, pero no sólo. El dinero de la droga sirve para financiar campañas electorales y también hay grupos mafiosos que actúan, sobre todo, centrados en India y Dubai”.

Además, Priego ha asegurado que en los últimos ocho años “se ha disparado la producción llegando a un tope de 8.700 toneladas en 2007, de forma que casi se ha triplicado respecto a los años de gobierno talibán”. A su juicio, hay varias razones que explican esta situación, “desde intereses propiamente occidentales en el cultivo de droga, hasta la presencia de traficantes y cultivadores que pasan de provincia a provincia y son muy difíciles de controlar”. En cualquier caso, cree que la implicación de la Comunidad Internacional para resolver este problema ha mejorado en los últimos años. “Hay una acción coordinada desde Naciones Unidas y la OTAN, y la Unión Europea ha puesto en marcha un sistema de filtros en Asia Central, Cáucaso y Rusia que intenta evitar que la producción de opio y heroína llegue a Europa”.

Sobre la distribución del cultivo de opio en Afganistán, Alberto Priego ha explicado que “el país está dividido en 34 provincias y 20 de ellas están libres de este cultivo; lo que pasa es que por un lado se alteran los límites provinciales para que esas provincias sean mayores y en otras su cultivo se considera insignificante”. Además, hay otro dato de interés que apunta a “un incremento de la productividad por hectárea”.

Finalmente, el catedrático de Recursos Energéticos de la Universidad de Barcelona, Mariano Marzo, ha hablado sobre la lucha por la energía en Afganistán y Asia Central asegurando que “la seguridad del suministro energético es una prioridad estratégica, y la geopolítica energética es una razón de Estado”. En este sentido, ha incidido en que los recursos energéticos de Asia Central “son importantes y en torno a ellos se está desarrollando un intenso juego geopolítico entre Estados Unidos y sus aliados, además de Rusia, China e India”.

Por lo tanto, ha concluido Mariano Marzo, “el desenlace del conflicto de Afganistán resulta de una gran importancia para la estabilidad de la región del Asia Central-Cáucaso, no tanto por los recursos energéticos de Afganistán, de un potencial relativo, “como de su notable interés estratégico como zona de tránsito del gas de Turmenistán”.

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