El cazador cazado

Luis Laiglesia

Que en el coto de Bastarás se han cometido innumerables tropelías está fuera de toda duda. Se habla de más de 100 kilómetros de pistas abiertas en un parque natural y la construcción de 50 balsas sin permiso alguno, además de la introducción de especies alóctonas, lo que ha llevado a la DGA a retirarle la denominación de coto.

A eso añadan movimientos de tierras y la destrucción de uno de los dos yacimientos neolíticos más importantes de España. Detrás de todo ello hay empresas y nombres poderosos, pero las administraciones parecen estar dispuestas a que estas acciones no queden impunes.

Es relevante que Ayuntamientos, DGA y grupos conservacionistas coincidan en exigir un escarmiento para quien esté detrás de una acción que no puede, ni debe quedar impune.

El trabajo que al respecto ha hecho Ecologistas en Acción no tiene precedentes. La organización ha elaborado un documental que pone de manifiesto las formas que utilizan todavía determinadas empresas y los sujetos que están al frente de las mismas, formas más propias de tiempos pretéritos que creíamos superados.

La empresa que gestiona y es propietaria de Bastarás es Fimbas y algunos grupos ecologistas señalan a Victorino Alonso, el gran empresario minero, y un gran aficionado a la caza, como el que está detrás de todo lo ocurrido.

Esperemos ahora estar ante la fábula del cazador cazado y pruebe de la medicina de la justicia. Lo malo de toda esta historia es que el principio de restitución ya es imposible de ser ejecutado, de manera que, sea cual sea la pena que recaiga en los responsables de unos actos inexplicables, nunca podrán resarcir del daño causado a la sociedad en su conjunto.

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