"Mi querido Arturo", primer premio del VII Concurso "Carta abierta a un maltratador" de AFAMMER Aragón

El relato titulado “Mi querido Arturo”, escrito por una mujer que desea permanecer en el anonimato y remitido desde Huesca, ha obtenido el primer premio de la séptima edición del concurso “Carta abierta a un maltratador”, dotado con 1.000 euros y organizado por AFAMMER Aragón en colaboración con la Concejalía de la Mujer del Ayuntamiento de Huesca. El segundo premio ha sido para la carta escrita por Rebeca González Puyol y el tercero para la escrita por Reyes Blanco.

A este certamen, convocado con motivo de la conmemoración del Día Internacional Contra la Violencia hacia las Mujeres (25 de noviembre), se han presentado casi 100 originales, relatos que acercan al lector la realidad de la mujer maltratada, el dolor y sus heridas, mucho más intensas las del alma que las del cuerpo.

Por ello, este concurso pretende sensibilizar a la sociedad para prevenir y combatir la violencia de género, una lacra que se sigue cobrando vidas y que se hace más preocupante, si cabe, en el medio rural por la mayor presión social que sufren las mujeres en este entorno.

La presidenta de AFAMMER Aragón, Carmen Castiella, hacía público el fallo en Huesca mediante una rueda de prensa en el que afirmaba que el relato ganado evidencia que “en la actualidad, los malos tratos hacia las mujeres son una cruda realidad, que el silencio es la peor de las opciones, y que hay que denunciarlos y luchar contra ellos”. También recordaba Castiella que “Hay que salir, cueste lo que cueste, del entorno del maltratador al primer golpe, sin esperar a que haya un segundo que puede llevar a la muerte”.

Desde AFAMMER Aragón afirman que todas las cartas recibidas son muy emotivas, de una gran crudeza, pero también ternura. Tienen en común el intentar reflejar los sentimientos de las mujeres víctimas de los malos tratos, su impotencia, su inseguridad, su amor y desamor, su baja autoestima, sus sueños rotos, su vida y la de sus hijos en peligro. Algunos finales son muy tristes, pues la mujer maltratada encuentra el descanso en dejar de existir. Otras, con un final más esperanzador, encuentran la paz en la huida, por la noche y a escondidas.

Pero, en medio de tanta desolación, estos relatos también cuentan que hay un lugar para la esperanza, y claman para que la sociedad y las instituciones no abandonen a estas víctimas, para que les tiendan una mano y pongan los medios para ayudarles a tomar una decisión que les permitirá ser libres y coger de nuevo las riendas de su vida.

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