"No sé en que estación me baje"

Marta Allué

Son cuatro las estaciones del año, aunque en mi pueblo siempre se ha dicho que hay dos:" la de invierno y la del tren". Éste es el típico chascarrillo, con el que en el Pirineo, nos referimos al largo y duro invierno. Una estación por muchos denostada, porque, como todo en la vida, "lo poco gusta y lo mucho cansa" así que no es lo mismo disfrutar dos semanas esquiando en Formigal, a vivir en el Valle donde también se suele decir "Cuando el grajo vuela bajo, hace un frío del carajo". Un frío al que damos la bienvenida en octubre y cómo un huesped pesado, no nos quitamos de encima hasta el "40 de mayo"

¿ Y qué me dicen de la primavera? Una estación preciosa para el que no es alérgico, no está deprimido, no sufre astenia primaveral ó no le sobra algún kilito. Para el resto de los mortales, sólo una estación de paso, hacia el cálido verano en la que los gimnasios vuelven a su máximo apogeo, todo el mundo está a dieta, en plena "operación biquini" y no la disfrutas porque sólo piensas en las vacaciones estivales, en las fiestas de los pueblos, en las "terrazitas", las "cervezitas" o en "ligar bronce" en la playa, a ser posible sin quemarnos, porque como buenos montañeses, llegamos a la arena igual de blancos que los "guiris".

Por fín llega el verano, nos hemos sacado de encima los paraguas, hemos olvidado los anoraks, las botas, las bufandas y los cuellos altos, pero pasa tán rápido que en septiembre, con "la vuelta al cole", te preguntas, sí ha merecido la pena cambiar la ropa de los armarios, porque en cuatro días nos pillará desprevenidos la primera nevada de la temporada y como en la película de la marmota, volveremos a empezar y todos los días serán iguales.

Respecto al otoño, "no comment", no tengo una opinión formada porque, sencillamente, no tengo el gusto de conocerlo.

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