De la fiebre futbolera

Luis Abadías

Es de estudio y análisis profundo lo que dicen los aficionados y medios de comunicación antes y después de cada partido y lo que varía en función de los resultados la visión de si un entrenador, jugador o equipo es mejor o peor. Dos ejemplos cercanos son la victoria del Huesca en Alicante y luego la derrota en casa con el Recre y el Barcelona que tras ganar brillantemente en Madrid, empata con el Español y pierde en Milán en la Champions.

En el caso del Huesca, Calderón pasa de ser un héroe a un villano por unos cambios que todo el mundo habla y discute. Los mismos que hizo en Alicante y le salieron a la perfección, le salieron al revés en casa con el Huelva y se perdió. No creo que haya que ser tan tremendistas puesto que los entrenadores siempre hacen los cambios con las mejores intenciones y unas veces sale bien y otras no tan bien.

Es cierto que no es el fuerte de Antonio Calderón al que ya el pasado año se le criticó bastante las modificaciones que realiza en los partidos a la hora de mover el banquillo, si bien hay que reconocer que tiene otras virtudes y que en el Huesca está demostrando. Los aficionados han pasado del blanco al negro, aunque hay que reconocer también esa vertiente negativa que rodea al gaditano con un sector de la afición con la que no encaja. Es el fútbol y no hay más explicación.

En el caso del Barcelona, los madridistas están como locos tras los dos pinchazos de Can Barça. Hace una semana la situación no era la misma y ésta es una de las grandezas del deporte y del fútbol, la ilusión que se genera muchas veces y la desilusión en otras, de allí que tengamos que saber controlar la fiebre futbolera.

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