No habrá ningún aspecto humano que la inteligencia artificial no pueda conseguir

La investigación informática vinculada a desarrollar la inteligencia artificial avanza, y Francisco Serón, catedrático de la Universidad de Zaragoza asegura que en un futuro no habrá ningún aspecto humano, ni siquiera las emociones y los sentimientos, que no se pueda conseguir artificialmente. Todo el cerebro, aunque en estos momentos no pueda hacerse, se podrá explicar científicamente así que, según Serón, sólo es cuestión de tiempo que las películas de ciencia ficción sean realidad.

La emoción es lo único que le falta a un personaje virtual para que sea inteligente. Esto es lo que explicaba Francisco Serón, catedrático de lenguajes y sistemas informáticos de la universidad de Zaragoza, en la primera conferencia del ciclo “Los sistemas cognitivos y la ingeniería de mentes artificiales”. Es un ciclo que organiza el Centro Cultural de Ibercaja y que está coordinado por el Grupo de Informática Gráfica Avanzada (GIGA) perteneciente al Instituto de Ingeniería de Aragón de la Universidad de Zaragoza.

La segunda conferencia es el 4 de mayo, bajo el título “Mentes naturales y mentes artificiales”. La última, el 11 de mayo, y hablará de “¿Cuál es la diferencia esencial entre máquinas inteligentes y los organismos públicos?”.

Estas conferencias tienen como objetivo acercar al público de Huesca los resultados más recientes en el estudio de la cognición desde una perspectiva científico-tecnológica, con el fin de mostrar los mecanismos que permiten simular, reproducir y generar “comportamiento inteligente” para incorporarlo al diseño de artefactos. Se pretenden mostrar las repercusiones científicas que este tipo de investigación está suponiendo y cómo en los próximos años cambiará la forma de entender el mundo y el modo en que interaccionamos con nuestro entorno.

La organización se pretende destacar algunas de las modificaciones más profundas que la disciplina ha experimentado en los últimos años. Para ello se cuenta con tres investigadores cuyo trabajo se mueve entre dos frentes: el interés científico por comprender las claves del comportamiento inteligente y el desarrollo de procesos de ingeniería necesarios para convertir el “conocimiento sobre fundamentos cognitivos” en “conocimiento tecnológico”.

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