Sin grandes aglomeraciones Pirineos Sur el público disfrutó de una noche de verano

El jueves fue la primera jornada de la edición de este año de Pirineos Sur que se convirtió en una de esas noches mágicas difíciles de olvidar, con una buena temperatura, sin grandes aglomeraciones y disfrutando del enclave de Lanuza. Pasaban pocos minutos de las diez de la noche cuando subió al escenario León Gieco. Es posiblemente el cantante argentino más querido y una de las voces imprescindibles de la escena musical de América Latina desde hace cuatro décadas.

Gieco simboliza como pocos el compromiso de la música con la ciudadanía, la sintonía entre la creación y la proximidad cotidiana. Una veintena de canciones para repasar sus últimos quince años en los escenarios. Desde el primer tema “El fantasma de Canterville” la respuesta fue inmediata, entusiasta, conmovedora, emocionante.

Acompañó la actuación con imágenes que mostraban lo ocurrido en esos años y su complemento musical. Desde la dictadura de Videla a la realidad actual, desde la Guerra de las Malvinas al Corralito. Un repaso inquietante como el escenario argentino, y de América Latina, durante muchos años. Recordó a sus amigos músicos como Gustavo Santaolalla, Charly García... y de manera especial a su querida Mercedes Sosa, que hoy hubiera cumplido años. Se acordó de las injusticias que se comenten a diario con la emigración latina en Europa mientras las empresas del viejo continente campean a sus anchas por todo el cono Sur. Finalizó con “Solo le pido a dios” que sorprendió a más de uno al desconocer que Gieco es el autor de la canción tan masivamente versioneado por artistas de las más diversas procedencias. Sin duda la elección del músico argentino para abrir un festival dedicado a recordar el Bicentenario de las Independencias de diferentes países de América Latina fue el mejor escaparate para mostrar una realidad muy desconocida para la mayoría.

Poco antes de la medianoche volvieron a subir, la primera vez fue en el 2000, Los Amigos Invisibles al Auditorio Natural de Lanuza. Se trata de una las bandas que mejor simboliza la música actual de Venezuela. Música para gozar, divertir, enérgica y contagiosa para mostrar que en América Latina hay otras muchas músicas que normalmente no tienen difusión entre nosotros.

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