Aplausos y vítores a los danzantes a su llegada a la plaza de San Lorenzo

La plaza de San Lorenzo es, durante toda la noche y las últimas horas de la madrugada del 9 de agosto, lugar de encuentro de todos aquellos que no quieren perderse ni un momento de la actuación de los danzantes y toman sitio desde muy temprano. Son minutos tensos y entretenidos, de limpieza de la plaza, lectura de periódicos, o de dormitar en algún hombro amigo, porque la noche ha sido larga o el madrugón temprano. Esta mañana, incluso había niños dormidos arropados por mantas, con el deseo de que no se perdieran esta tradicional actuación. Otros, aprovechaban el rato jugando a las cartas.

Los danzantes más madrugadores, los hermanos Antonio y Bernardino Nunilo, llegaban a las 8 menos 10 de la mañana y recibían los primeros aplausos del día. A partir de ahí, y con cuentagotas, iban haciendo su aparición otros miembros de la agrupación, asomando por cualquiera de las calles que llevan a la plaza. Daniel Cejalvo Ara, Santos Santolaria, los hermanos Jesús y Fernando Esperanza, Manuel Borruel, Lorenzo Ara, Alejandro Bueno Ara, José Juan Andreu... También llegaban miembros de la Banda de Música de Huesca con sus instrumentos musicales en la mano, que coincidían en su entrada a la plaza con el mayoral, Pascual Campo, con quien se saludaban.

Y seguían llegando danzantes, con el gesto concentrado, algunos de ellos apurando los últimos minutos y llegando a escasos momentos de comenzar el baile, como los hermanos Barquero, nietos de Vitorino, o Paco Sanemeterio. Todos ellos recibían el aplauso como homenaje de todos los presentes, dándoles la bienvenida. Este año no ha habido ni altas ni bajas en los danzantes, un año de transición en el que, eso sí, había que celebrar algunas efemérides: Manuel Borruel, con 30 años de dance a sus espaldas, Fernando Esperanza con 15 años en la agrupación, y José Juan Andreu y Daniel Cejalvo, celebrando sus 10 años como danzantes. Tras un pequeño rato en la botería de Pedro Lafuente, aparecían en la plaza, con sus espadas en la mano. El danzante de las cintas, con su palo de cintas, y el rapatán con su palo de la albahaca. Era el momento de empezar a bailar.

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