La ciudad del no

Nuria Garcés

Queremos reurbanizar el paseo Ramón y Cajal, pues hay quien dice que no. Queremos un centro de salud, pues que tendría que ser más dentro del barrio. Queremos crear huertos sociales en Huesca, pues que tampoco. Queremos construir un campo de fútbol decente, eso no. Queremos un parquin en el centro mismo de Huesca, pues va a ser también que no. ¿Queremos algo? Queda claro que somos la ciudad del no. Bien es cierto que no tenemos muy claro todavía qué queremos ser de mayores en esta ciudad, a la que le faltan muchas cosas y le sobran un montón más. Pero, por si acaso, antes de ponernos a la tarea y a sopesar pros y contras, nosotros decimos que no. Luego, si hace falta, ya lo pensaremos mejor y si hay que desdecirse, lo haremos, que no se nos caen los anillos.

Que me quede como estoy: con un paseo de los años 70, una zona deportiva en un estado lamentable, un centro de la ciudad hecho unos zorros y en cierre y derribo, un centro de salud saturado hasta que se desbloquee un proyecto urbanístico que va para muy largo, o una zona verde llena de dejadez y de excrementos de perros. Que me quede así, pero luego me quejaré, a pesar de haber dicho primero que no, alto y claro.

Los sociólogos deberían fijarse en esta ciudad para llevar a cabo sus estudios, investigaciones, tesis y tesinas. Porque damos mucho de sí. Mientras nosotros nos lo pensamos y repensamos, opinamos, nos negamos y demás, el resto avanza en sus peatonalizaciones, construcción de aparcamientos subterráneos, modernización de calles, arreglo de cascos históricos y todo lo que haga falta para resultar ciudades agradables, acogedoras y turísticas. Aquí, a veces, parece que somos nuestros propios enemigos.

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