Honestidad crítica

Luis Laiglesia

Este jueves se despedía de las pantallas de televisión un referente de la profesión periodística como es Iñaki Gabilondo.

Lo hace por las circunstancias del devenir empresarial de fusiones empresariales y lo hace por no convivir con compañeros de viaje poco recomendables contra los que se ha manifestado en repetidas ocasiones desde esa honestidad crítica a la que aludió en sus últimas palabras.

Porque el periodismo está lleno de malos ejemplos y de personajes perniciosos que lo han terminado colocando como una de las profesiones peor valoradas por la sociedad española.

Algunos llamados periodistas y directores de periódicos parecen más interesados en poner y quitar peones en los órganos de poder que en la búsqueda de la verdad. Otros han atravesado la línea roja de la tergiversación, hasta el punto que todavía siguen buscando unos polvitos blancos que relacionen a ETA con Al Qaeda y con algún miembro del actual gobierno. Pero, por si fuera poco, personajes de medio pelo, en otro tiempo banqueros de pro, pontifican en determinadas cadenas después de haber delinquido y pasado por la cárcel, como si tuvieran algo que enseñarnos.

Frente a ellos está Iñaki Gabilondo, con una trayectoria coherente, habiéndose enfrentado al Felipismo, al Ucedismo y al Aznarismo, porque ninguno de ellos le perdonó nunca su independencia.

El periodismo español hoy está huérfano, la italinización de los medios de comunicación es hoy mayor que hace dos años con el proceso de fusiones, mientras los profesionales como Gabilondo tienen que dejar lo que mejor saben hacer y con lo que han venido contribuyendo a hacer una sociedad mejor y más justa.

Solo queda la esperanza de que, de nuevo, un proyecto firmado por Iñaki encuentre encaje en este endiablado mercado audiovisual al que nos encaminamos. Su despedida, en todo caso, sonó más a un hasta luego que a un adiós.

Hasta pronto, maestro.