Aplicarse el cuento

Luis Laiglesia

Se va este 2010, que para la ciudad de Huesa ha sido, junto al 2009, un año horrible.

La poca industria importante de la ciudad se ha venido abajo y solo el sector servicios ha aguantado, a duras penas, un ejercicio muy complicado.

El que no quede una empresa de 100 trabajadores en una capital de provincia como Huesca es francamente preocupante. Desde los poderes públicos se intenta proyectar una imagen distinta de esta dura realidad, pero es lo que hay.

Y es lo que hay, cuando los diferentes gobiernos han hecho lo que se les pedía. Una plataforma, un parque tecnológico, una autovía y otra que llega, incluso un aeropuerto y la alta velocidad, a lo que hay que añadir un pantano y de regalo, en el mismo lote, un palacio de congresos.

Miramos permanentemente a la clase política como la culpable de todos los males de la patria. Pero algo habremos hecho el resto para que estemos como estamos. Quizá nos hemos preocupado más de buscar chivos expiatorios que de atajar los problemas entre todos.

La clase empresarial también tiene algo que decir en esto, y no se puede ir de rositas. Los emprendedores son pocos, muy pocos en Huesca, y con bastante poco predicamento en las organizaciones empresariales. Incluso, si me apuran, son mirados con cierto recelo por sus propios compañeros de viaje de rancio abolengo, en vez de aprender de lo bien hecho.

Se habla de la necesidad de remodelar el mercado laboral, pero más valdría que algunas estructuras empresariales comenzaran a aplicarse al cuento y comenzaran a poner en marcha modelos de gestión adaptados a la nueva realidad.

Pero eso es esfuerzo, cambio, adaptación y capacidad.

Año nuevo, vida nueva, dice el tópico. Pues, eso, a aplicarse al cuento.

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