Cartas al Director: Otra Visión

David Álvarez

Cuando observamos un partido de baloncesto casi siempre nos dejamos llevar en la reflexión por los jugadores que han tenido éxito en sus acciones, en los brillantes, en los que nos hacen levantar de los asientos…O también en los que comenten errores, ineludibles en cualquier deporte; en estos casos también nos hacen levantar de nuestros asientos, por desesperación, enfado, crispación...

Respecto a los primeros, el análisis es relativamente fácil, aludiendo factores como la confianza, el buen estado de forma (nunca he entendido este término) o el socorrido “es un profesional”.

Respecto a los segundos, siempre el criterio que usamos es más hiriente y poco reconfortante y en muchos casos falto de memoria. A estos quiero referirme ya que en el Lobe Huesca hay dos jugadores que están pasando por éste trance: Chus Aranda y Javier Salsón.

Sus números no son a los que nos tienen acostumbrados, les cuesta mirar al aro y tienen errores igual que a otros jugadores se los pasamos por alto, pero en un pequeño estadio de nuestra memoria hay que hacer espacio a recuerdos, ya que han sido jugadores que han jugados lesionados en multitud de ocasiones (no digo con dolores digo lesionados), que su inferioridad física nunca ha sido excusa, que han sido parte esencial de esta temporada y las pasadas y que siempre han dado lo que se les ha pedido. Tanto Javier como Chus son jugadores que siempre lo intentan con más o menos suerte pero siempre están y les debemos muchas de las victorias que tenemos, por su apoyo e incondicional esfuerzo.

El refuerzo positivo cuando salen las cosas mal es el complicado de dar, pero sólo hay que hacer un esfuerzo y tirar de memoria…

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