Dos cascos antiguos

Nuria Garcés

Un paseo por la Huesca "turística", el pasado sábado, dio como resultado una cierta desazón en quien esto escribe. Una sensación a viejo, dejado, sucio, graffiteado, maloliente... eso es lo que deja el recorrido por el Casco Antiguo de Huesca, con alguna excepción como es la plaza de Latre. Pero la plaza de los Fueros, la calle Zarandia, la calle Palacio, doña Petronila, Templarios, Santos Justo y Pastor, dejaban mucho que desear y no invitaban, en absoluto, al paseo del visitante. Uno percibe que queda mucho por hacer y que no se lucen en absoluto los miles y miles de euros que se han invertido en toda esa zona en los últimos años.

El recorrido del turista accidental nos lleva a la calle Padre Huesca y sus terrazas, llenas a la hora del vermú de gente, casi con cola para hacerse con una preciada mesa al solecito de marzo, tanto en esa calle como en la plaza de Alfonso el Batallador. Allí estaba la animación en la mañana del sábado. Allí se ha demostrado que la peatonalización, los comercios a ambos lados de la calle, los bares han dado vida a este otro casco antiguo, mucho más cercano y dinámico.

A los dos días surge la noticia de que los hosteleros de la zona le proponen al ayuntamiento de Huesca que retrase las obras de peatonalización pendientes, porque interferirán en toda su actividad, ya metidos de lleno en la primavera y el verano. Da rabia, porque el suelo con enormes baches y losas movidas pide a gritos una reforma urgente. Pero también es de comprender que éste no sea el momento más idóneo. Las primeras noticias decían que la reurbanización comenzaría en enero. Por distintas razones, ésta se ha ido retrasando y ahora ya viene mal, se llega tarde. Habrá que esperar a ver qué decisiones se toman, pero en época de crisis, en la que los hosteleros lo están pasando mal por muy diversas razones, tal vez sea mejor atender los requerimientos de quienes, de un modo u otro, están dando una cierta "vida" al centro de esta ciudad. Vida que necesita, como el comer.

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